Juicio a Fidel

Mi generación apenas balbuceaba cuando ajusticiaron a Trujillo, pero creció de mano con Fidel y abrevó de su inagotable pensamiento político asociado con la redención social y liberación de los pueblos oprimidos. Nuestros mayores padecieron a un tirano, nosotros convivimos con un revolucionario, o al menos así lo percibimos.

Fidel murió el viernes de viejo en su cama, forma de terminar la vida que no es aconsejable para un hombre visionario, un estadista que vivió siempre con el propósito de que el día después del último se abrieran para él los portones de la gloria.

Al pueblo cubano compete juzgar como buenos o malos los 47 años del Gobierno de Fidel que comenzó dos años antes en una sala de audiencia con su discurso de “La Historia me absolverá”, aunque por lo prolongado de su mandato, es difícil refutar el criterio de que su régimen fue una tiranía más larga que la de Trujillo.

El bloqueo económico impuesto por Estados Unidos contra Cuba se prolonga todavía por 56 años; contra Trujillo fue apenas de unos meses, porque la CIA acertó en un primer intento de magnicidio, pero con Fidel fracasó infinidad de veces.

La historia de Cuba ha estado íntimamente vinculada a la dominicana, desde que el general Máximo Gómez acogió con el sable el ideal de independencia del apóstol José Martí, pasando por las expediciones que partieron de la isla con el propósito de derrocar a Trujillo y después a Balaguer.

Por miedo a Fidel, Washington apadrinó el derrocamiento del gobierno democrático de Juan Bosch, produjo la intervención militar de 1965 e instaló en el gobierno al maestro más aventajado de Trujillo.

Por admiración a Fidel y a su ideal revolucionario, Manolo, Jiménez Moya y Caamaño se inmolaron en las escarpadas montañas de Quisqueya, y otra parte de la juventud ofrendó sus vidas en el laboratorio de la guerrilla urbana y de los comandos clandestinos.

Por Fidel, mi generación conoció y veneró al Che Guevara, cuyo ideal de sacrificio y redención, tuvo mucho parecido con la historia de Jesús, al punto que su imagen, junto a la del Mártir del Gólgota, ha sido de las más mercadeadas en todo el mundo.

Mi generación no acepta desvincular la libertad política, de la equidad social, por tanto, lo que se indilga al régimen de Fidel es imputable también a las mentadas democracias que promueven exclusión y marginalidad.

La figura del Comandante emergió hace más de 60 años como respuesta a la opresión y la corrupción que agobió al pueblo cubano. Dejemos que la historia juzgue a quien fue una de las figuras más relevantes del siglo XX.

Publicado por El Nacional el 27 de noviembre del 2016

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