Viva la República!

República Dominicana conmemora hoy el 171 aniversario de su independencia agobiada por una incesante campaña de descrédito que intenta presentarla como comarca de racistas y xenófobos, pero sus buenos hijos se muestran resueltos a defender el principio de una patria libre y soberana que heredaron de sus padres fundadores.

Las generaciones presentes no asimilarían la trascendencia de la gesta separatista si no auscultan el periodo histórico de 22 años de ocupación haitiana sobre el Santo Domingo español, que se inició el 1 de diciembre de 1821, semanas después de la fallida proclamación de la Independencia por José Núñez de Cáceres.

Mucho se habla de que el gobierno de ocupación, encabezado por Jean Pierre Boyer, abolió la esclavitud que prevalecía en la parte este de la isla, pero se oculta que los más de ocho mil supuestos libertos fueron obligados a permanecer en las fincas agrícolas y ganaderas, con lo cual se mantuvo el vasallaje.

También se afirma que el régimen de Boyer impulsó la representatividad electoral, pero no se dice que restringió el uso de la lengua española y la mayoría de las costumbres de la población del lado este de la isla, a la que también prohibió ejercer el comercio, a menos que se juramentaran como ciudadanos haitianos.

No se niega que desde mucho antes de la proclamación de la independencia o emancipación de Haití (1804), el Santo Domingo español ya tenía una herencia cultural e híbrida, como lo cantó el poeta: “Ayer español nací, a la tarde fui francés, a la noche etíope fui, hoy dicen que soy inglés. No sé qué será de mí”.

Juan Pablo Duarte y los trinitarios emprendieron la ciclópea empresa de luchar contra la opresión de la dictadura de Boyer. De ahí su alianza con el movimiento que procuraba el fin de la tiranía; la separación de Haití y la fundación de una República Dominicana libre e independiente. Así nació el 27 de febrero de 1844, la patria amada, cuya soberanía se expresa en el territorio, sus instituciones político jurídicas, sus tradiciones, su idioma, su historia y su cultura.

La dominicanidad es un irrenunciable orgullo para todos los buenos hijos de Duarte, Sánchez, Mella, Luperón y tantos héroes y mártires, que con sus espadas y sangre colmaron de gloria al suelo patrio en las memorables batallas del 19 y 30 de marzo, del Memiso, Tortuguero, Cachimán, Las Carreras, Beller, El Número, Santomé y otras tantas.

Henchidos de fervor patriótico, los buenos y verdaderos dominicanos exhiben hoy el lienzo tricolor y proclaman a todo pulmón ¡Viva la República Dominicana!

Publicado por El Nacional el 27 de febrero del 2015

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