La suerte está lanzada

No pocos periodistas y medios de comunicación “independientes” e “imparciales” objetan los resultados de la encuesta realizada por la firma Asisa, a la que atribuyen el pecado de colocar al presidente Danilo Medina, a la vicepresidenta Margarita Cedeño y al doctor Leonel Fernández como punteros en la preferencia electoral de los votantes.

Esa empresa encuestadora tiene un largo historial de aciertos o cercanía de sus hallazgos con los porcentajes que han alcanzado los candidatos presidenciales en las últimas elecciones presidenciales, por lo que no hay razón para un descarte a priori de su más reciente trabajo de campo.

Se acepta que se discuta si la preferencia de la ciudadanía por la reelección presidencial es más o menos que el 67% que arroja esa investigación del mercado electoral o si Leonel tiene o se acerca o se aleja del 54% y Margarita del 59%.

Lo que resulta difícil de rebatir es que la popularidad del Presidente está en su más alto nivel, que el expresidente Fernández ha sobrevivido a una de las más cruentas campañas de descrédito y que la doctora Cedeño sigue como el primer guandul.

Esos colegas podrán decir las peores cosas de Asisa y de sus encuestas, pero negar que esos tres líderes controlan por separado el mayor porcentaje de aceptación ciudadana, es como pretender tapar el sol con el índice, aunque creo que a muchos comunicadores les llegó la hora de exhibir el refajo.

Todas las encuestas que se realicen aun con una mínima garantía de seriedad tendrán que reflejar que Danilo goza en este momento de la mayor aceptación, que Leonel ganaría las elecciones en cualquier escenario y que Margarita es un fenómeno electoral.

Lo que debería discutirse no es si Danilo, Leonel y Margarita tienen lo que dice Asisa que tienen, sino si Hipólito Mejía, Luis Abinader y Miguel Vargas carecen de lo que esa encuesta dice que no tienen, al igual que sus respectivos partidos.

El PLD, al que la encuesta le confiere mayoría absoluta, tiene el problema de tenerlo todo; la oposición confronta no tener casi nada, por lo que cada litoral debe procurar recetario adecuado para afrontar los males de la abundancia o la escasez.

A Danilo y Leonel, como a todo el liderazgo del PLD, no le queda de otra que consolidar la unidad al interior del Partido y entre este y el Gobierno, porque la señal del más mínimo crack en el ámbito morado sería como cicuta en la garganta de la democracia.

En los litorales del PRD y PRM tendrán que leer mil veces más la fábula de los dos burros que nunca pudieron alcanzar a comer del pasto porque siempre halaron la cuerda en dirección contraria.

Conviene aconsejar a tantos “imparciales e independientes”, no culpar a Asisa por el nuevo brebaje de frustración. “Alea jacta est” (“la suerte está lanzada”).

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