Gasolina al fuego

Nadie niega que el camino de la formalidad laboral sea el que se debe trillar como cuestión básica en ejecución de políticas globales de fomento al empleo, pero eso no sería posible sin la ejecución de programas que garanticen correspondencia entre el valor del salario y el índice general de precios.
El sector del alto empresariado culpa a los gobierno del PLD por el bajo índice de empleos formales (35%) versus los informales (65%), porque supuestamente desde la esfera oficial se fomenta el clientelismo y no asiste adecuadamente al sector empleador para que sea más competitivo.
Desde 2004, cuando el PLD retomó el Poder, los gastos tributarios del gobierno en favor del sector productivo sobrepasan los cien mil millones de pesos anuales, además de ejecutar iniciativas institucionales en procura de fortalecer la competitividad empresarial y los niveles de seguridad jurídica para la inversión.
Las transferencias presupuestales hacia los sectores vulnerables o de menor ingreso promedian 25 mil millones de pesos (Tarjeta Solidaridad, Bono luz, Bono gas y bono escolar), que benefician de manera directa a 800 mil familias. A eso llama el sector empresarial dispendio clientelar.
El banco central ha arrojado claridad al debate en torno a la formalidad o informalidad del empleo, al demostrar que el problema básico no es ni una cosa ni la otra, sino la degradación del valor del salario formal, que en sus niveles mínimos se ha degradado en un 51% desde 1979.
La gente prefiere a involucrarse con la informalidad laboral, porque los salarios que sirven las grandes y medianas empresas, publicas y privadas se tipifican como de miseria, como lo demuestra el hecho de que los salarios mínimos siguen igual por 34 años, con el solo agregado del equivalente a la inflación acumulada.
Resulta que la inflación promedio acumulada durante un año no tiene el mismo impacto en los diferentes quintiles o canasta mínima de consumo, por lo que golpea con mayor crudeza a las familias de menor ingreso, lo que indica que los “reajustes a salario mínimo, son en realidad forma de oficializar su reducción en términos de capacidad adquisitiva.
La fórmula sugerida por sector empresarial para aumentar la formalidad laboral es como proponer apagar el fuego con gasolina, pues plantean eliminar lo que denomina “gastos en la generación de empleo”, como los derechos de cesantía, preaviso, trabajo nocturno, licencia por embarazo y parto y asueto dominical.
Para que una mayor masa laboral se transfiera al empleo formal, se requiere que el empresariado con aliento del Gobierno humanice las plazas de trabajo y termine por entender que ninguna sociedad se encarrila por sendero de democracia, prosperidad y justicia, sin que patronos y trabajadores concilien intereses.
Debería aclararse que el problema no radica en formalidad o informalidad laboral, sino en burdas pretensiones de eliminar justos y anejos derechos de los trabajadores y retornar al esquema de la explotación del hombre por el hombre.

Publicado por El Nacional el 13 de julio del 2014

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