Por si acaso

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Al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, se le atribuye advertir que “el que se meta con el pueblo de Haití se metió con el pueblo venezolano”, expresión válida también para los dominicanos, pues los niveles de explotación y marginalidad que padecen los haitianos comprometen también la integridad del gentilicio nacional.

El mandatario venezolano ha definido a ese conglomerado como “nuestros hermanos mayores”, afirmación que seguramente se sustenta en el respaldo que Haití dispensó al libertador Simón Bolívar. Hay que imaginarse lo que ese pueblo significa para la nación con la que comparte la isla Hispaniola.
No sería justo interpretar lo dicho por el presidente Maduro como amenaza al Gobierno dominicano a propósito de las divergencias surgidas entre vecinos por el contenido y alcance de una sentencia emitida por el Tribunal Constitucional que fija alcance y reglamenta la adjudicación de la nacionalidad dominicana.

A ese jefe de Estado se le atribuye también afirmar que “afortunadamente República Dominicana ha dado muestra de sabiduría” en el manejo de la crisis surgida con motivo de la referida sentencia, aunque no sobra advertir que el principio de soberanía es absolutamente innegociable, sin importar las consecuencias.

Maduro ha sido testigo de excepción de los ingentes esfuerzos que ha encaminado el Gobierno dominicano en procura de que la aplicación de ese fallo irrevocable no resulte perjudicial a ciudadanos hijos de indocumentados que ha demostrado arraigo con el territorio y los símbolos de la nación.

No ignora el presidente Maduro que República Dominicana ha sido víctima de una injusta campaña de descrédito internacional auspiciada por naciones del vecindario que nunca han encaminado medidas de solidaridad económica o migratoria con Haití.
Aunque Venezuela ha sido siempre generosa con el pueblo haitiano, quizás valdría la pena que esa gran nación, que tiene 916 mil 542 kilómetros cuadrados y una densidad poblacional de apenas 33 habitantes por kilómetro, se digne en recibir a centenares de miles de haitianos que huyen de la miseria extrema y de la explotación del hombre por el hombre.

Sin tener la categoría de hermano mayor de Venezuela, el pueblo dominicano ha profesado siempre profunda admiración, respeto y aprecio por la Patria de Bolívar, en cuyo regazo vivió y murió el padre de la nacionalidad, Juan Pablo Duarte, de quien se hereda el irrenunciable compromiso de consolidar una República libre e independiente de toda potencia extranjera.

Publicado por El Nacional el 30 de diciembre del 2013

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