Designio y Destino

Así como el ser humano forja su propio destino, siempre basado en el instrumental que le proporciona su propia dinámica o que le dispensa unas mentadas suerte o desgracia, los gobiernos también obran según sus designios históricos o en consonancia con coyunturas imprevistas.

Decisiones de la tiranía de Trujillo, como legalizar al Partido Socialista, conceder derecho al voto a la mujer o concertar el Concordato con el Vaticano estuvieron sustentadas en apremiantes situaciones de orden político, aunque el designio de ese régimen fuel de sustentarse por vía de la barbarie.

El destino o la historia confirió al presidente Balaguer el impostergable compromiso de construir las principales presas porque se requería represar las cuencas pluviales para producir electricidad, regadío y agua potable, pero su meta estratégica siempre fue perpetuarse en el poder.

Leonel Fernandez tuvo como imperativo modernizar al Estado, promover reforma institucional y consolidar el Estado de derecho, pero las circunstancias lo obligaron a tomar otras decisiones trascendentes en los ámbitos económico, político y social.

Se menciona, por ejemplo, el déficit fiscal heredado de la anterior administración, pero debería decirse que ese fue el resultado de un abordaje extremo a duros efectos que sobre la economía dominicana tuvo a partir de 2008, la crisis financiera mundial.

Gobiernos y presidentes tienen siempre un mandato o un designio histórico que cumplir, a los que se agregan las urgencias derivada de la propia dinámica doméstica o del entorno internacional. El mandato de Danilo Medina es el de promover un gobierno socialmente revolucionario y políticamente ético

Ese designio fue plasmado por el propio mandatario en su programa de Gobierno, al prometer que rescataría a un millón 400 mil ciudadanos que hoy malviven del otro lado de la verja de la miseria, alfabetizar a 800 mil iletrados y relanzar la educación.

Danilo también prometió adoptar las providencias necesarias para que su administración sea garante de transparencia administrativa y que los casos de prevaricación sean sancionados por la jurisdicción penal, a más de la separación de la administración pública de prevaricadores.

Por esas razones históricas, el presidente Medina no debería permitir ningún tipo de distorsión ni subordinación del discurso y praxis de su gobierno relacionados con la equidad social, distribución justa del ingreso público, promoción del pequeño capital y transparencia en la gestión pública. Ese es su destino. Su designio es promover un gobierno revolucionario.

Publicado en El Nacional, 21 de julio 2013

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