La carta del Presidente

Con su pedido al Congreso para que una comisión bicameral procure consenso legislativo en torno al proyecto de Ley de Partidos, el presidente Danilo Medina ha sorprendido a mansos y cimarrones que temían o deseaban que el impasse sobre primarias abiertas o cerradas generara una crisis política de gran magnitud.
La carta enviada por el mandatario a los titulares del Senado y Cámara de Diputados fue respaldada por el ex presidente Leonel Fernandez, lo que consolida una voluntad de solución de una divergencia que se originó en el Partido de la Liberación Dominicana (PLD).
El Presidente admite que ese proyecto con su propuesta de que los partidos escojan sus candidatos en primarias abiertas y simultaneas, con el padrón de la JCE, se caería en la Cámara de Diputados, al no concitar los votos suficientes para una mayoría calificada que requiere esa legislación.
La propuesta presidencial activa a una imprescindible voluntad dialogante dentro y fuera del PLD, al tiempo que desactiva planes y proyectos que grupos políticos y corporativos planeaban activar sobre el mismo escenario de una crisis extendida originada en el tuétano del partido de gobierno.
La Conferencia del Episcopado, el Consejo Nacional de la Empresa Privada y los numerosos rostros de la mentada sociedad civil aceptaron formar parte del problema y no de la solución, por lo que puede decirse que la misiva del Presidente desactivo una bomba de tiempo.
Las crisis políticas no se desatan por voluntad de un individuo o grupo de presión, sino por el advenimiento de una crisis económica combinada con niveles de insatisfacción social, factores que desde trincheras partidarias y oropeles corporativos fueron erróneamente considerados como factibles o coincidentes.
Líderes y dirigentes que arrastran los pies creyeron que con la escaramuza en torno a primarias abiertas o cerradas, asociado al incremento de los precios del petróleo y a la censura de Washington por la apertura diplomática con China, estarían dadas las condiciones para una ofensiva política a gran escala similar, quizás, a lo que ocurre en Nicaragua.
El presidente Medina ni el PLD han perdido, al menos no significativamente, aprecio e incidencia en la población, como lo demuestra la baja expectación provocada por las primarias del PRM y el PRSC, cuyas convenciones transcurren con más pena que gloria, aunque preciso es advertir el peligro de jugar a la ruleta rusa.
Lo de primaria abierta o cerrada se convirtió en foco de infección en un proyecto de ley que se torna imprescindible para el fortalecimiento de la democracia política, aun cuando se admite que en más de 50 años de bregar democrático, los partidos no han podido garantizar plenamente el derecho de sus afiliados a elegir y ser elegidos.
La carta del Presidente se erige como tabla de salvación o punto de partida para la unidad interna del PLD y en afectivo antídoto contra una crisis política global que desde hace tiempo añoran grupos y sectores que no aprenden a respirar en democracia.
Publicado por El Nacional el 20 de mayo del 2018

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De crisis y discrepancias

A rajatabla

El debate en torno a primarias abiertas o cerradas se circunscribe principalmente a la dirigencia partidaria, a los legisladores y a un reducido núcleo- jurídico académico, el resto de la población o no entiende o no le interesa, porque sus problemas, anhelos o reclamos son otros.
Ni por asomo quiero negar que el proyecto de Ley de Partidos y Agrupaciones Políticas representa un bien esencial para el fortalecimiento de la democracia y del derecho ciudadano a escoger y elegir libremente a sus autoridades, lo que digo es que ese no es un tema que atrae el interés ciudadano.
Las elites políticas, empresariales, eclesiales y académicas muchas veces extravían el orden de prioridad o importancia de las urgencias nacionales, porque equivocadamente se creen telepatas capaces de escrudiñar en lo más profundo la mente o el sentir popular.
Insisto en señalar que la “discrepancia” al interior del PLD en torno a primarias viertas o cerradas no debería ser un asunto de vida o muerte ni un oleaje que aleje mar afuera al Partido y se torne difícil su retorno a puerto de cabotaje, lo que obliga a los capitanes a llevar la nave por aguas menos procelosas.
Si a la dirección del PLD le resulta difícil diferenciar una contradicción principal de una secundaria o de poder precisar cuándo se debate un asunto de principio, entonces debería saber por lo menos si el tema que se debate consista o no el interés de población.
A mí me gustaría que la discusión sobre primarias abiertas o cerradas ceda espacio al tema del Informe del FMI sobre desempeño de la economía dominicana, no solo en lo referido a la consolidación del crecimiento del PIB, sino también sobre los riesgos o vulnerabilidades advertidas en ese documento.
A la población le interesa saber lo que hace o deja de hacer el Gobierno en materia de seguridad social y de mejoramiento a las instalaciones hospitalarias; sobre avance en la calidad de la educación, sector en el que se invierten este año 153 mil millones de pesos.
Este país va por buen camino, pero la gente no lo sabe, porque la clase política, académica, civil y empresarial circunscriben el debate a propios intereses y lloran con el buche lleno, sin darse cuenta que cualquier día llueve o que hay que guardar pan para mayo.
El mundo no se terminara porque se apruebe o no la ley de primarias abiertas o cerradas, por lo que ese tema debería ser colocados en el orden de importancia que le corresponde en la lista de urgencias nacionales, que, por supuesto, no es ni debe ser el número uno.
La economía mundial ha crecido de manera sostenida durante nueve años, lo que también supone que el ciclo de crecimiento puede estar llegando a su fin, como lo advierten las alzas en los precios del petróleo, restricciones del financiamiento y la guerra comercial. Aquí jugamos a la ruleta rusa.

De vida o muerte

La militancia peledeísta no propugna ni aspira a que el liderazgo del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) resuelva sus diferencias mediante algún tipo de solución filistea o de conveniencia personal o grupal, sino a través de un consenso basado en los principios primigenios de la organización y en el mejor interés de la nación.

Todavía no estoy convencido de que el tema sobre primarias abiertas o cerradas sea un asunto de principio para ser defendido o atacado a riesgo de erosionar la ya endeble estructura unitaria del PLD, afectada también por vicios de indisciplina y grupismo.

Tampoco creo que el epicentro de ese debate se ubica en la defensa o el ataque a la Constitución de la República, aunque si así fuera, el problema se solucionaría con una sentencia del Tribunal Constitucional, lo que obviamente no resolvería el conflicto a lo interno del PLD.

He aquí algunas preguntas que debería responder el liderazgo del partido morado: ¿Las primarias abiertas o cerradas garantizan la unidad del PLD? ¿El Partido respalda al Gobierno? ¿El Gobierno reconoce la autoridad del Partido? ¿Se respeta en el PLD el centralismo democrático?

Me parece un acto de irresponsabilidad del Comité Político dejar a la voluntad de la mayoría congresual peledeísta decidir sobre una Ley de Partidos que incluya o no primarias cerradas o abiertas, porque esa es una decisión política que ese organismo no debió sacarle el cuerpo.

Lo que ha ocurrido es que se ha canibalizado en el Congreso la discusión sobre ese tema y ante la ausencia de coordenadas claras de la dirección del PLD, se abren compuertas para insólitas alianzas entre oposición y legisladores disidentes, por lo que fuerzas políticas externas ya inciden en el conflicto del partido oficial.

Ahora resulta que la posible aprobación del proyecto de Ley de Partidos con primarias abiertas, agravará la crisis del PLD, como también la profundizaría si se incluye primarias cerradas o si zozobra la pieza legislativa, señal de que con esa discusión nada más se pierde.

Llama la atención que esa crónica de una división anunciada se escribe de ambos lados, en el mejor momento de la gestión del gobierno del presidente Danilo Medina, que hasta prueba en contrario, es también del PLD, como lo demuestran Punta Catalina, Río Grande, Ciudad Juan Bosch, ampliación de la Seguridad Social, decenas de hospitales remodelados, 4 % a la educación, etcétera.

La idea de imitar al can que intenta morderse la cola, no sólo es imposible de materializar, sino que agravaría un conflicto interno y acarrearía graves consecuencias a la gobernanza y a la economía de la nación. Halar la cuerda en dirección contraria constituye un grave error político.

Publicado por El Nacional el 15 de abril del 2018.-

De vida o muerte

A rajatabla

La militancia peledeista no propugna ni aspira a que el liderazgo del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) resuelva sus diferencias mediante algún tipo de solución filistea o de conveniencia personal o grupal, sino a través de un consenso basado en los principios primigenios de la organización y en el mejor interés de la nación.
Todavía no estoy convencido de que el tema sobre primarias abiertas o cerradas sea un asunto de principio para ser defendido o atacado a riesgo de erosionar la ya endeble estructura unitaria del PLD, afectada también por vicios de indisciplina y grupismo.
Tampoco creo que el epicentro de ese debate se ubica en la defensa o el ataque a la Constitución de la República, aunque si así fuera, el problema se solucionaría con una sentencia del Tribunal Constitucional, lo que obviamente no resolvería el conflicto a lo interno del PLD.
He aquí algunas preguntas que debería responder el liderazgo del partido morado: ¿Las primarias abiertas o cerradas garantizan la unidad del PLD? ¿El Partido respalda al Gobierno? ¿El Gobierno reconoce la autoridad del Partido? ¿Se respeta en el PLD el centralismo democrático?
Me parece un acto de irresponsabilidad del Comité Político dejar a la voluntad de la mayoría congresual peledeista decidir sobre una Ley de Partido que incluya o no primarias cerradas o abiertas, porque esa es una decisión política que ese organismo no debió sacarle el cuerpo.
Lo que ha ocurrido es que se ha canibalizado en el Congreso la discusión sobre ese tema y ante la ausencia de coordenadas claras de la dirección del PLD, se abren compuertas para insólitas alianzas entre oposición y legisladores disidentes, por lo que fuerzas políticas externas ya inciden en el conflicto del partido oficial.
Ahora resulta que la posible aprobación del proyecto de Ley de Partido con primarias abiertas, agravara la crisis del PLD, como también la profundizaría si se incluye primarias cerradas o si zozobra la pieza legislativa, señal de que con esa discusión nada más se pierde.
Llama la atención que esa crónica de una división anunciada se escribe de ambos lados, en el mejor momento de la gestión del gobierno del presidente Danilo Medina, que hasta prueba en contrario, es también del PLD, como lo demuestran Punta Catalina, Rio Grande, Ciudad Juan Bosch, ampliación de la Seguridad Social, decenas de hospitales remodelados, 4% a la educación, etcétera.
La idea de imitar al can que intenta morderse la cola, no solo es imposible de materializar, sino que agravaría un conflicto interno y acarrearía graves consecuencias a la gobernanza y a la economía de la nación. Halar la cuerda en dirección contraria constituye un grave error político.
Si bien es cierto que la unidad no se construye en base a arreglos filisteos, también debería advertirse que es impropio promover división o agravar una crisis, elevando contradicciones de tipo secundario a la condición de vida o muerte.

Lula

Lo primero que los moralistas de conveniencia deberían preguntarse es si el sistema persecutorio y judicial de Brasil sentenció a Luiz Inacio -Lula- da Silva a 12 años de prisión por la comisión de peculado o porque su retorno al Poder era inminente.

¿Alguien en su sano juicio puede creer que con el líder más carismático y presidente más exitoso de la historia carioca brasileña fue condenado por supuestamente aceptar un apartamento de playa como soborno?
Uno de los personajes de mayor involucramiento en la telaraña de corrupción fue juramentado como presidente de Brasil en sustitución de Dilma Rousseff, destituida por el Congreso, por una supuesta falta de naturaleza administrativa. Ese solo episodio indica que contra Lula se aplica la misma dosis venenosa.

La lucha contra la corrupción, que debería ser la más trascendente cruzada para impedir el enriquecimiento ilícito con dineros públicos, se ha convertido en un instrumento político empleado por grupos corporativos para degradar o denigrar figuras públicas progresistas o vinculadas con el cambio social.

Lula, un dirigente obrero, líder del Partido de los Trabajadores, alcanzó la presidencia de Brasil por vía del voto popular, cuya gestión de gobierno pudo sacar de la pobreza extrema y moderada a casi 40 millones de brasileños y convertir a esa nación en la séptima economía del mundo.

Una izquierda vergonzosa no se atreve hoy a defender a un auténtico líder de los trabajadores, la más genuina expresión del anhelo de millones de pobres y excluidos de alcanzar algún día la cima de la justicia social. Esa gente se viste hoy de lino y seda enganchada en el mismo tren en el que viajan los que pretenden crucificar a Lula.

En el Gobierno de Lula, Brasil escaló el liderazgo de las economías emergentes a través del Brics, un esquema de relación que aglutinó además a la India, Rusia, China y Sudáfrica, que puso en jaque al hegemonismo comercial, político y militar.

Las oligarquías continentales no le perdonan a Lula su liderazgo en la oposición al Tratado de Libre Comercio de las Américas, impulsado por Washington, ni sus iniciativas de concertar esquemas de relación comercial interamericanos y con Europa y China.

A Lula no lo quieren presos por corrupto, sino por su inminente retorno a la presidencia de Brasil, porque si fuera de otra manera, hoy ese país no tuviera el presidente que tiene y Dilma Rousseff hubiese concluido su gestión de Gobierno.

El liderazgo progresista de esta tierra insular debería verse en el espejo de la inmoral persecución política contra Inacio Lula, un esquema que se aplica para todo el continente, basado en la tesis de que en vez de matar con balas o de invadir a una nación, se asesinan moralmente a los líderes por vía de una impresionante maquinaria mediática, jueces y fiscales controlados por WhatsApp.

Publicado por El Nacional el 8 de abril del 2018.-

El reverso de la moneda

Pedernales representa hoy el mejor ejemplo de las consecuencias económicas, políticas y sociales que ha acarreado el dilatado abandono de la zona fronteriza, afectada hoy por una funesta combinación de continua migración dominicana e incontrolable inmigración haitiana.
Igual que en los más de 390 kilómetros lineales de frontera, el cordón limítrofe de esa provincia está abierto de par en par, reguardado solo por una simbólica puerta por donde también ingresan sin problemas extranjeros con o sin papeles.
La población de Pedernales ha convivido con la creciente migración haitiana sin ocurrencia de ninguna incidente mayor; más bien lo que se ha producido es un compartir de miseria y marginalidad, por lo que el reciente incidente en el que comunitarios emplazaron a haitianos a abandonar el municipio, no puede ser estigmatizado como un caso de xenofobia crónica, aunque, obviamente, reprochable.
La causa primigenia de ese problema puede encontrarse en la negligencia de, fiscales y policías y jueces en apresar, someter a los tribunales y condenar a haitianos o dominicanos implicados en asesinatos, atracos, asaltos y robos, lo que ha motivado que, erróneamente, la población intente suplir por propia iniciativa tales deficiencias de las autoridades.
El problema se agrava porque las autoridades haitianas de la vecina comunidad de Anse e Pitre se niegan a entregar a sus pares dominicanos a los delincuentes que apresan tras cometer crímenes del lado dominicano, como ha sido el cado de uno de tres hermanos implicado en el asesinato de una pareja de esposos.
Se mencionan los casos de un hacendado asesinado por un haitianos en el municipio de Oviedo, quien el día antes de perpetrar el crimen envió a su familia de retorno a Haití, donde también se refugió, así como el despojo de sus fusiles a dos militares, uno de los cuales fue severamente golpeado, sin que las autoridades haitianas colaboren para su apresamiento y sometimiento a la justicia.
En Pedernales escasean las fuentes de empleo, por lo que su población tiene que competir con sus pares haitianos para desempeñar oficios en fincas y comercios, matizados por salarios de miseria. Para colma también tienen que lidiar con creciente delincuencia en la que participan también nativos.
Lo que se reclama es que el Gobierno cumpla con su obligación de promover en Pedernales y en toda la frontera empleo, educación, salud, vivienda, electricidad, vías de comunicación, además de un rígido control migratorio, para que las asediadas poblaciones no tengan que optar por el éxodo o por tomar la justicia por propias manos.

(Editorial de El Nacional)

!Go home!

Han transcurrido 53 años de aquel infausto día cuando tropas del ejército más poderoso de la tierra desembarcaron en esta riada de Santo Domingo, pero la Patria no olvida ni olvidara jamás la mancha indeleble que sobre su suelo sagrado dejaron las botas de su soldadesca y las orugas de sus tanquetas que mancillaron de nuevo la soberanía nacional.
El 28 de abril de 1965, cuatro días después del estallido de una insurrección popular en reclamo del retorno de la institucionalidad democrática, el presidente Lindon B. Johnson, ordeno la invasión de miles de tropas sobre una nación pobre y agredida, cuya dignidad infundía un temor descomunal sobre los verdugos imperiales.
Esa invasión militar constituye uno de los episodios más vergonzosos en la historia de los Estados Unidos, porque hasta el día de hoy los historiadores de la Unión Americana ni los biógrafos del presidente Johnson han podido identificar razones o justificación para tal desatino histórico.
El valor y decoro de los dominicanos, atrincherado en el minúsculo perímetro de la histórica Ciudad Nueva, hizo saber al mundo que la generación en combate contra el invasor, cumpliría con promesa duartiana, de que este país podría ser destruido, pero Siervo de nuevo, jamás.
A causa de esa intervención yanquis, los dominicanos sufrieron durante muchos años el flagelo de la represión política y extravió el camino que conduce hacia el anhelado estadio de plena democracia y equidad, como también cientos de jóvenes murieron a manos del aparato represivo heredado de los invasores.
Hasta el fin de los siglos perdurara en la epidermis nacional las secuelas de una ofensa imperdonable e injustificable, perpetrada, solo por miedo delirante a la dignidad y determinación de un pueblo a construir su propio destino sin amarras que lo aten a puertos imperiales.
La terrible secuela que causo la segunda intervención militar de Estados Unidos contra la tierra de Duarte, solo se atenúa con el inmenso orgullo y eterna gratitud que generaciones presentes sienten y dispensan a los héroes y mártires de esa Guerra Patria.
La resistencia heroica y épica al invasor de 1965, se equipara con las epopeyas bélicas que consolidaron la Independencia Nacional, que restauraron la soberanía canjeada a la Corona por un título nobiliario y con la historia de honor de La Barranquita. ¡Loor a los héroes de abril! ¡Viva la Republica Dominicana!
(Editorial de El Nacional)

Reencontrarse a sí mismo.-

He dedicado los últimos A rajatabla a ofrecer pinceladas sobre la historia del Partido de la Liberación Dominicana, con énfasis en su primigenia composición social y en el tipo de organización que quiso desarrollar su fundador y líder. No espero concitar atención, simplemente abordo sobre el propósito que albergó Juan Bosch en tan trascendente empresa política.

No creo que el PLD se ha apartado de los lineamientos esenciales del pensamiento bochista, como tampoco me atrevo a afirmar que lo sigue a pie de la letra; creo que el partido oficial no ejerce a plenitud su rol de conductor del proceso de transformación de la sociedad dominicana.

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Para poder cumplir con esa tarea de completar la obra inconclusa de Duarte, el PLD tendría que retomar el control del hilo social que lo uniría con los distintos sectores de clases que requieren de una sociedad más justa y equitativa.

El PLD tiene que reencontrarse a sí mismo, consciente de su liderazgo y dirigencia de que no es posible volver a bañarse en el río boschista de hace 44 años, pero sí de abrevar en sus aguas que riegan y fertilizan las praderas que deben ser sembradas y cultivadas de progreso e igualdad de oportunidades.

Los gobiernos del PLD han ayudado a transformar la sociedad y la economía, cuyo Producto Interno Bruto (PIB) ha aumentado en sus gestiones de menos de 15 mil millones de dólares, en 1996, a más de 76 mil millones, en 2018, con un crecimiento promedio sobre un 6%.
Los gobiernos del PLD han transformado las estructuras jurídico política del Estado y ejecutado el más grande programa de construcción y políticas de redistribución del ingreso público.

En la medida que la sociedad crece y se desarrolla, se produce un proceso de alejamiento del PLD con su amplia base social y razón de ser, encabezada en primer término por la pequeña burguesía, los trabajadores y clase media.

El día que ajusticiaron a Trujillo, el PBI nacional ascendía a menos de tres mil millones de dólares, cantidad que se multiplica hoy por 25, de la que durante los gobiernos peledeístas se incrementó en más de US$ 50 mil millones, por lo que debe admitirse que los periodos del PLD han sido los de mayor crecimiento.

Aun así, ese partido no puede ufanarse en afirmar que se afana en completar la obra de Duarte, porque para eso se requiere que vuelva a conectarse con el ADN social, lo que le devolvería el honroso rol de partido de liberación nacional.

El pueblo de Juan Bosch no perdonaría nunca al liderazgo peledeísta que por desmedidas ambiciones, resabios individualistas o grupales y carencia de visión política, salgan del Poder sin recuperar la esencia boschista y adaptarla plenamente a la realidad social, política y económica de hoy. Que nadie alegue ignorancia.

Publicado por El Nacional el 25 de marzo del 2017.-

Reencontrarse a si mismo

A rajatabla

He dedicado los últimos A rajatabla a ofrecer pinceladas sobre la historia del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), con énfasis en su primigenia composición social y en el tipo de organización que quiso desarrollar su fundador y líder. No espero concitar atención, simplemente abordo sobre el propósito que albergo Juan Bosch en tan trascendente empresa política.
No creo que el PLD se ha apartado de los lineamientos esenciales del pensamiento bochista, como tampoco me atrevo a afirmar que lo sigue a pie de letra; lo que creo es que el partido oficial no ejerce a plenitud su rol de conductor y gerente del proceso de transformación de la sociedad dominicana.
Para poder cumplir con esa tarea, que sería la misma encomendada por Bosch, de completar la obra inconclusa de Duarte, el PLD tendría que retomar el control del hilo social que lo uniría con los distintos sectores de clases que requieren con mayor vehemencia de una sociedad más justa y equitativa.
El PLD tiene primero que reencontrarse a sí mismo, consciente su liderazgo y dirigencia de que no es posible volver a bañarse en el rio boschista de hace 44 años, pero sí de abrevar en sus aguas limpias y tempestuosas que riegan y fertilizan las praderas que deben ser sembradas y cultivadas de progreso e igualdad de oportunidades.
Los gobiernos del PLD han ayudado a transformar a la sociedad y a la economía dominicana, cuyo Producto Bruto Interno (PIB) ha aumentado en sus gestiones de menos de 15 mil millones de dólares, en 1996, a más de 76 mil millones, en 2018, con un crecimiento promedio sobre un 6%.
Los casi cinco gobiernos del PLD han motorizado la transformación de las estructuras jurídico política del Estado y ejecutado el más extraordinario programa de construcción vial, de escuelas, y hospitales y que ha ejecutado políticas de redistribución del Ingreso Publico que han impactado sobre la disminución de la pobreza.
En la medida que la sociedad crece y se desarrolla, que los diferentes sectores de clase se movilizan en términos ascendentes, se produce un extraño proceso de alejamiento o desconexión del PLD con su amplia base social y razón de ser, encabezada en primer término por la pequeña burguesía, los trabajadores y la clase media.
El día que ajusticiaron a Trujillo, el PBI nacional ascendía a menos de tres mil millones de dólares, cantidad que se multiplica hoy por 25, de la que durante los gobierno peledesistas se incrementó en más de US$ 50 mil millones, por lo que en justicia debe admitirse que los periodos del PLD han sido los de mayor crecimiento y desarrollo social.
Aun así, ese partido no puede ufanarse en afirmar que se afana en completar la obra inconclusa de Duarte, porque para eso se requiere que vuelva a conectarse con el ADN social, lo que le devolvería el honroso rol de partido de liberación nacional.
El pueblo de Juan Bosch no perdonaría nunca al liderazgo peledeistas que por desmedidas ambiciones, resabios individualistas o grupales y carencia de visión política, salgan del Poder sin recuperar la esencia boschista y adaptarla plenamente a la realidad social, política y económica de hoy. Que nadie alegue ignorancia.

Partido de clase media

El Partido de la Liberación Dominicana se engendró en el vientre de la clase media y nació entre Gascue, Ciudad Nueva y la UASD hijo de Juan Bosch, pero apadrinado por un grupo de dirigentes y académicos que desarrollaron vida y familia entre muros coloniales y ciudadela de la Guerra Patria.

La mayoría de los miembros de la Comisión Permanente, el órgano de dirección del PRD, eran profesores universitarios o dirigentes provenientes de familias de clase media, aunque también estaban “viejos robles” de historia antitrujillista, que en términos económicos y sociales pertenecían a sectores oligárquicos.

El PLD no nació en un pesebre, aunque su creador lo creyó el mesías que liberaría al pueblo dominicano de la explotación del hombre por el hombre y le señalaría, cual Moisés, el camino hacia la Tierra Prometida. Literalmente, puede decirse que ese niño nació en Roma y no en Tierra Santa.

En los primeros años del PLD, su dirección estuvo integrada en su mayoría por dirigentes provenientes de la alta y mediana pequeña burguesía, o lo que en ese entonces podría llamarse clase media.

La mayoría de los comités intermedios estaba compuesto por jóvenes procedentes de las capas pobres y muy pobres de la pequeña burguesía, con alguna representación de la clase obrera, especialmente de la construcción, los puertos, sector azucarero y de sindicatos que operaban en algunas fábricas.

A esa asimetría entre dirigencia alta e intermedia se atribuye el denodado esfuerzo de Bosch por profundizar el programa de formación política e ideológica sustentado en el método de “Unificación de Criterio”, a través del cual los miembros del partido analizaban, discutían y arriban a acuerdos de manera consciente sobre cualquier tema basado en el “Centralismo Democrático”, que garantizaría mutuo respeto entre minoría y mayoría.

Una vez expresé a don Juan mi preocupación porque en mi “organismo”, no había forma de ponernos de acuerdo y las contradicciones eran mayores. Al preguntarme cuál era la composición social de los miembros de ese comité, le respondí que había una profesora de liceo, el dueño de una mediana fábrica de zapatos, un dentista, un dirigente obrero y yo, un estudiante.

Bosch respondió a mi preocupación con una serie de artículos en Vanguardia del Pueblo sobre los “Métodos de Trabajo”, un código de ética, ley y disciplina que debía garantizar la unidad de un partido en el que interactuaba gente de los diferentes niveles de la Pequeña Burguesía.

El PLD fue durante mucho tiempo un partido apegado a los principios enarbolados por Bosch, porque su dirección era mayoritariamente de clase media, es decir de dirigentes con buena formación política, que no tenían problemas mayores con sus estómagos y porque se respetaban los Métodos de Trabajo.

Publicado por El Nacional el 18 de marzo del 2018.-