Sin sobrepasarse

Todavía hoy albergo una mezcla de seguridad y esperanza de que el Comité Político del PLD actúe con sabiduría para preservar la unidad en la diversidad como el activo más preciado para que ese partido consolide el proyecto de nación que la historia le ha encomendado encarnar.

La de hoy es una sesión complicada porque el CP abordaría el tema de la reelección presidencial, que en términos estrictamente técnicos no puede rechazar ni aprobar, pues sus atribuciones no alcanzan a suplantar o invadir otros poderes del Estado.

Es por eso que he señalado que para el partido oficial, el tema de la reelección es de carácter político, no ético, moral, ni siquiera jurídico, porque en este último caso el Comité Político no tendría calidad para abordarlo.

Los miembros de ese órgano podrían determinar si resulta conveniente o no recorrer el camino hacia a la repostulación presidencial, porque corresponde a otro Poder del Estado la potestad de aprobarlo o rechazarlo mediante una convocatoria a Asamblea Revisora del Texto Constitucional.

El tema de la reelección es de carácter político, no ético, moral, ni siquiera jurídico

Si se escoge o se rechaza pura y simplemente la opción de la reelección, basado en el uso de la mayoría sobre la minoría, o bajo el criterio de que una parte de la representación congresual no aceptaría, entonces la posible solución o salida tendría efecto de cicuta para el Partido.

La mejor sombrilla sobre la que debe cobijarse el CP es la de consolidar el proyecto de nación que la historia ha encomendado al PLD, porque esa sería una amplia cobija que permitiría colocar el largo plazo sobre el inmediatismo y anteponer los intereses de la nación a las apetencias personales o grupales.

Danilo Medina y Leonel Fernández están hoy compelidos a conjugar sus liderazgos en el único propósito de que se consolide la unidad en base a la diversidad y, que en vez de satisfacer intereses de mutuas graderías, se garantice la máxima peledeista de que se sirve al Partido para servir al pueblo.

El Comité Político del PLD deberá conducirse con debida prudencia, porque no se trata de que una posición aplaste a la otra, sino que se produzca en términos políticos una correspondencia biunívoca basada en el principio de que las contradicciones se manejan en base a la razón, los principios y sin sobrepasarse.

Publicado por El Nacional el 19 de abril del 2015

Maniobra sediciosa

El propósito de este oleaje mediático y fáctico no es ni ha sido el de combatir la corrupción ni adecentar al Poder Judicial, pues sus auspiciadores visibles y ocultos carecen de calidad política y moral para emprender una cruzada de ese tipo en razón de que han sido siempre causa y parte del problema.

Los que desde las poltronas de gremios y fundaciones empresariales atizan el descrédito contra el sistema de justicia representan los mismos litorales corporativos que antes manejaban a control remoto a los tribunales, incluido la redacción a distancia de sentencias y dictámenes.

La vez que el presidente Balaguer definió a la justicia como mercado de compra y venta de sentencia, ese gremio empresarial no produjo un espacio pagado en la prensa ni financió la opinión sesgada de una fundación relacionada. ¿Acaso en esa oportunidad no era imperativo moral denunciar la corrupción judicial?

A quién se pretende acusar por los mercaderes en el templo fue el estadista que en 1997 produjo y dirigió la primera gran reforma judicial al poner en práctica la reforma constitucional de 1994, que instituyó el Consejo Nacional de la Magistratura.

En esa ocasión, el gobierno del mismo partido que hoy dirige los designios nacionales, convocó a la clase política, académica y a toda la sociedad organizada a participar en la selección de los jueces de la Suprema Corte de Justicia, aleccionador proceso que se efectuó por televisión.

Daba gusto ver a través de la pantalla chica a la doctora Milagros Ortiz Bosch referirse al contenido de ese proceso y señalar bondades de posibles candidatos, porque se sabía de ese modo se consolidaba el espacio democrático.

Hoy, la corriente política a la que pertenece la doctora Ortiz Bosch convoca movilizaciones contra un Poder Judicial legítimo y legal, con jueces de la Suprema Corte escogidos por el CNM, que a su vez integran ocho miembros, cinco de los cuales fueron elegidos por el voto popular, por lo que el despropósito contra la justicia tiene carácter de sedicioso.

Revísese la matrícula de jueces de la SCJ y el historial de cada uno de esos magistrados, incluidos los propuestos por partidos políticos de oposición, en la seguridad de que se llegará a la conclusión de que son magistrados honorables que ejercen su sacerdocio con denodada vocación y responsabilidad.

Las sentencias se atacan o se recurren por vía de los recursos, como ha hecho el Ministerio Público frente a un fallo que considera equivocado, pero cuando se trata de atacar la conducta de un juez, se requiere de pruebas fehacientes o evidencias sobre posible venalidad o prevaricación. Lo mismo cuanta para los fiscales, que no están exentos de la sospecha pública.

Publicada por El Nacional el 12 de abril del 2015

El Partido

Cuál es la contradicción principal que genera el debate al interior del Partido de la Liberación (PLD)? ¿La reelección? ¿La candidatura de Leonel Fernández? Ninguna puede ser, porque la competencia por una nominación electiva en el Estado, es una cuestión normativa en una institución partidaria de naturaleza democrática.

Aunque la propuesta sobre repostular al presidente Danilo Medina parece la causa esencial del alboroto, se debería entender que ese es un tema político, no ideológico ni ético, por tanto no deriva en un tipo de contradicción de naturaleza esencial que ponga en riesgo la unidad del partido.

Lo mismo puede decirse de la oferta de candidatura presidencial del doctor Fernández, que por supuesto, no sería causa ni consecuencia para que en el PLD se genere o se alimente un debate que desemboque en contradicción principal.

Para Lenin, la “unidad solo puede realizarse mediante una organización cuyos acuerdos cumplan concienzuda y voluntariamente todos los obreros conscientes…” al tiempo que aconsejaba “discutir el problema, expresar y oír opiniones distintas, estampar este criterio en una resolución”, que debe “cumplirse honestamente”.

Si se separa el concepto de partido de la clase obrera, lo dicho por Lenin válido para el PLD, especialmente en lo referido a que “cumplir honestamente con las resoluciones del partido” es lo que se llama unidad en todas las partes del mundo y por toda la gente sensata”.

En el texto “Sobre la Contradicción”, de Mao Tse Tung se procura demostrar que la contradicción existe en el proceso de desarrollo de toda cosa, obviamente, también en el seno de un partido político, con categoría de principal o secundaria.

Juan Bosch procuró una fórmula para evitar que un mal encauzamiento de las contradicciones derivara en lo que Lenin definió como “enfermedad infantil” y Mao como “las siete patas del Gato”, que incluyen grupismo, oportunismo, individualismo, sectarismo, criticismo, etcétera.

El remedio de don Juan fue bautizado como “Métodos de Trabajo” y consistía en un conjunto de normativas extrapartidaria que todo peledeísta debía cumplir y cuidar “como niñas de propios ojos”, que preservaban al Partido de infecciones transmitidas por los distintos segmentos de la pequeña burguesía.

Sería fatal para el PLD y para la democracia que el Partido se dividiera en la práctica en cacicazgos grandes, medianos o pequeños o que competencias legítimas o querellas menores se conviertan en contradicciones principales que segmente o atomicen un instrumento creado por Juan Bosch con la tarea de completar la obra de Juan Pablo Duarte.

Téngase en cuenta que el Partido es el todo que está por encima y es superior a todas y cada una de sus partes. La membresía del PLD y la sociedad consciente confían en el liderazgo de Danilo y Leonel.

Publicado por El Nacional el 29 de marzo del 2105

La palabra compañero

Me consta, porque fui actor y testigo de esa historia, que Juan Bosch luchó hasta el último momento por evitar aquella división que sufrió el Partido de la Liberación (PLD), a principios de 1979, cuando decenas de dirigentes, encabezados por el secretario general, Antonio Abreu, renunciamos a la organización.

En la Conferencia “Ho Chi Ming”, celebrada meses antes en la sede que hoy ocupa el Ministerio de Cultura, don Juan habló sobre el valor de la unidad partidaria basada en la observancia de los principios cardinales del Partido y de sus métodos de trabajo.

Aun así, en esa actividad se selló la división del PLD porque, conscientes o no, todos nos encargamos de fomentar el grupismo y nos olvidamos de las enseñanzas del líder, sobre espíritu de cuerpo, disciplina y conciencia política.

La mayoría de los que renunciamos al PLD nos guarecimos en el falso argumento de que combatíamos a una facción de derecha, pero la verdad era que la frustración nos arropó por los resultados de las elecciones del 78, y porque Juan Bosch exigía trabajar día y noche, hasta que se agotaran las fuerzas para seguir de pie.

En ese tiempo, un miembro del PLD era en la práctica un cuadro político a tiempo completo, con responsabilidades como las de dirigir Círculos de Estudios, comités patrióticos y populares, venta de Vanguardia del Pueblo, discusión con sus lectores de los artículos de Bosch, participar en su propio organismo y cumplir otras tareas.

Tan fuerte era el compromiso con el Partido que el Comité Político disolvió los organismos estudiantiles en la UASD y en los liceos para evitar distracciones esos cuadros porque la condición mayor de un peledeista fue la de miembro, la que no se alcanzaba tan fácilmente.

Hoy, 37 años después, el PLD, en su etapa de partido mayoritario, parece amenazado con sufrir un crack interno de naturaleza irracional, porque sería producido por un desbordamiento de ambiciones o por equivocada visión de la presente coyuntura político electoral.

En 1978, la irracionalidad política llegó tan lejos que ni Juan Bosch pudo contener la tormenta, pero hoy sus alumnos más aventajados convertidos en líderes y dirigentes, tienen la obligación de promover e imponer la unidad, a cualquier costo, sin importar sacrificios personales o grupales.

En una ocasión, Bosch advirtió a dirigentes de mi Comité Intermedio que “si guerra quieren guerra van a tener”, a lo que le respondí: “compañero presidente, usted nos enseñó a tener y defender el espíritu de partido”, tras lo cual acogió el planteamiento que le formulamos.

Ante el desafío que enfrenta el PLD, Danilo Medina y Leonel Fernández están compelidos a promover unidad en la diversidad, espíritu de partido y recrear aquel poema de Amiro Cordero Saleta, que resalta “la palabra compañero”.

Publicado por El Nacional el 22 de marzo del 2015

La palabra compañero

A rajatabla

Me consta, porque fui actor y testigo de esa historia, que Juan Bosch luchó hasta el último momento por evitar aquella división que sufrió el Partido de la Liberación (PLD), a principio de 1979, cuando decenas de dirigentes, encabezados por el secretario general, Antonio Abreu, renunciamos a la organización.
En la Conferencia “Ho Chi Ming”, celebrada meses antes en la sede que hoy ocupa el Ministerio de Cultura, don Juan habló sobre el valor de la unidad partidaria basada en la observancia de los principios cardinales del Partido y de sus métodos de trabajo.
Aun así, en esa actividad se selló la división del PLD porque, conscientes o no, todos nos encargamos de fomentar el grupismo y el sectarismo y nos olvidamos de las enseñanzas del líder, sobre espíritu de cuerpo, centralismo democrático, disciplina y conciencia política.
La mayoría de los que renunciamos al PLD nos guarecimos en el falso argumento de que combatíamos a una facción de derecha, pero la verdad era que la frustración nos arropó por los resultados de las elecciones del 78, y porque Juan Bosch exigía trabajar día y noche, hasta que se agoten las fuerzas para seguir de pie.
En ese tiempo, un miembro del PLD era en la práctica un cuadro político a tiempo completo, con responsabilidades tan complejas como las de dirigir Círculos de Estudio, comité patrióticos y populares, venta y cobro de Vanguardia del Pueblo, discusión con sus lectores de los artículos de Bosch, además de participar en su propio organismo y cumplir otras tareas.
Tan fuerte e intenso era el compromiso con el Partido que el Comité Político disolvió los organismos estudiantiles en la UASD y en los liceos para evitar distracciones en sus cuadros juveniles, porque la condición mayor de un peledeista fue la de miembro, la que no se alcanzaba tan fácilmente.
Hoy, 37 años después, el PLD, en su etapa de partido mayoritario, parece amenazado con sufrir un crack interno de naturaleza irracional, porque sería producido por un desbordamiento de ambiciones o por equivocada visión de la presente coyuntura político electoral.
En 1978, la irracionalidad política llegó tan lejos que ni Juan Bosch pudo contener la tormenta, pero hoy sus alumnos más aventajados convertidos en líderes y dirigentes, tienen la obligación de promover e imponer la unidad, a cualquier costo, sin importar sacrificios personales o grupales.
En una ocasión, Juan Bosch advirtió a dirigentes de mi Comité Intermedio que “si guerra quieren guerra van a tener”, a lo que humildemente le respondí: “compañero presidente: usted nos enseñó a tener y defender espíritu de partido”, tras lo cual acogió el planteamiento que le formulamos.
Ante el desafío que enfrenta el PLD, Danilo Medina y Leonel Fernández están compelidos a promover unidad en la diversidad, espíritu de partido y recrear aquel poema de Amiro Cordero Saleta, que resalta “la palabra compañero”.

Efervescencia en el PLD

A rajatabla

Cuando se padece de algún problema estomacal por desordenada ingesta de comida o bebida, la mayoría recurrimos a cualquiera de dos emblemáticos laxantes, uno en tableta y el otro en polvo, que se vuelven efervescentes al colocarlo en agua, por lo que se recomienda esperar a que el líquido en el vaso se tranquilice, antes de consumirlo.
La efervescencia que producen esos laxantes al mezclarlo con agua es temporal y se produce para bien, no para mal, aunque no es prudente cuando parece que el brebaje está hirviendo, porque en vez de aliviar, empeora el malestar.
Algo similar parece ocurrir en el Partido de la Liberación (PLD) con el debate sobre la reelección y la candidatura presidencial del doctor Leonel Fernández, solo que sectores, básicamente extra partido, procuran crear la falsa percepción de que la efervescencia en el vaso tiene efecto de un tsunami.
El presidente Medina y el doctor Fernández, además de líderes y estadistas, son dirigentes políticos muy bien entrenados, en quienes las emociones no se desparraman sobre la objetividad y cuyas cabezas permanecen frías como glaciar, aunque sus corazones ardan como volcán en erupción.
Lo que se percibe como un huracán o maremoto no son más que vientos alisios en la atmósfera de un partido que produce oleajes fuertes, sin impedir que naveguen las ideas en un mar abierto de unidad en la diversidad.
Si en algo están claros y contestes Danilo y Leonel es en su irrenunciable e ineludible compromiso, no solo de preservar, sino de fortalecer la unidad en el PLD, aunque para ello sea preciso renunciar o postergar legítimas aspiraciones.
En términos estratégicos, los enemigos de Leonel, los son de Danilo o viceversa, aunque por inexperiencia política o exceso de entusiasmo, gente de uno y otro litoral permitan el abordaje de filibusteros con propósito oculto de hundir la nave, junto a la cual zozobraría la gobernanza y la economía.
No ha sido casual que desde aceras opuestas escogieran a Leonel como su primer blanco de ataque desde retretes de infamia. El propósito siempre ha sido el de divide y vencerá, en el entendido de que después de uno, el objetivo ha de ser el otro.
La efervescencia política que se observa hoy al interior del PLD no pone ni debe poner en peligro la unidad de esa organización, sostén principal de la democracia política. Es simplemente el alboroto de agua en vaso, cuando se le agregan laxantes, que alivian el malestar estomacal.

Haiti: Ver para creer

Haití abre y cierra a conveniencia las puertas del diálogo o entendimiento con República Dominicana, al punto que la Comisión Mixta Bilateral no ha podido desarrollar ninguna agenda de desarrollo porque no ceden los cerrojos en los portones del lado oeste.
Es por eso que las seguridades dadas en Guatemala al canciller dominicano por su colega haitiano Pierre Doly Brutus, de que Puerto Príncipe retomará los trabajos de esa comisión deben ser recibidas con reservas y cautela.
Una dosis igual de incredulidad debe inyectarse a la promesa del canciller Brutus, de que las autoridades garantizarían la integridad física del personal y la seguridad de los locales donde funcional las legaciones diplomáticas y consulares dominicanas.
A la firme decisión del gobierno dominicano de cerrar sus cinco consulados en Haití como respuesta a las agresiones contra esas sedes, a las autoridades haitianas no le queda de otra que ofrecer plena garantía de seguridad, pero lo importante sería que esos desmanes no se repitan.
El canciller Andrés Navarro ha hecho lo pertinente al aceptar las promesas de su colega haitiano, pero se precisa de mayores de que esta vez el diálogo entre ambas naciones no estará supeditado a intereses espurios de una elite política o económica de Haití.
Es una pena que por falta imputable al vecino, la Comisión Mixta Domínico Haitiana no haya podido impulsar urgentes proyectos sobre comercio, inversión, migración y seguridad fronteriza, entre otros que serían de gran provecho para ambas naciones, en especial para Haití.
No resulta fácil depositar toda la confianza en un canciller que alentó y aprobó una marcha que concluyó en una agresión a pedradas contra el consulado general de Republica Dominicana en Haití, donde fue arriada la bandera nacional, después de lo cual felicitó a los participantes.
Aun así, la conversación sostenida por los cancilleres dominicanos y haitiano, en el marco de la Vigésima Conferencia de Ministros de la Asociación de Estados del Caribe (AEC), se define como positiva, pero sin mayores expectativas. Ver para creer.

El espejo boricua

A los dominicanos debería dolernos la terrible crisis económica que padece el pueblo de Puerto Rico, al que nos une una histórica relación de hermandad y solidaridad que data de siglos, a lo largo de los cuales indistintamente han servido de paño de lágrimas cuando el otro padece sufrimiento económico o represión política

En termino técnico, Borinquen está en quiebra, pues su deuda representa más del cien por ciento de su Producto Interno Bruto (PIB), con el agravante de que carece de capacidad material para afrontarla y de condiciones jurídicas para renegociarla.

Se sabe que Puerto Rico tiene la condición de Estado Libre Asociado de Estados Unidos, una especie de neo colonialismo que anula la posibilidad de ejercer prerrogativas esenciales que les son dadas a naciones totalmente libres, como la propia independencia económica, monetaria o poder contratar de manera soberana.

El mejor ejemplo de lo antes expuesto, lo representa la declaratoria de inconstitucionalidad por una corte federal de la ley de quiebra interna o corporativa votada por el parlamento puertorriqueño, porque supuestamente todo lo relacionado con el tema de insolvencia económica corresponde dirimir a instancias de Washington.

Resulta que en su relativa condición de colonia, Puerto Rico carece de los privilegios que ostentan los 50 estados de la Unión Americana, los que reciben asistencia federal en caso de declaratoria de quiebra o bancarrota, como ocurrió con Detroit.

Las calificadoras de riesgo han degradado la deuda de Puerto Rico, estimada en 70 mil millones de dólares, a la condición de papeles basura, lo que eleva los intereses, disminuye su valor de reventa y en términos prácticos la convierte en impagable

Además de esa cruenta crisis de deuda, Borinquen padece de una grave crisis fiscal que hace difícil hasta poder sufragar la nómina pública, por lo que el Gobierno impulsa la aplicación del Impuesto al Valor Agregado (IVA), similar al Itbis vigente aquí.

El IVA sería para todos los productos de consumo y servicios, incluido la educación, servicio eléctrico, telefónico, transporte y artículos tan esenciales como granos, grasas, carnes, leche y pan, lo que sin dudas agravaría la crisis económica y degradaría aun mas la calidad de vida de los ciudadanos.

Lo pero de todo es que el pueblo de Puerto Rico parece perder la esperanza de que la crisis cedería , aun sea a mediano plazo, por lo que muchas familias deciden emigrar a Estados Unidos e incluso hacia República Dominicana. Siento mucho pesar por nuestros hermanos boricuas, a quienes les sobra valor y coraje para superar tan amargos momentos.

Publicado por El Nacional el 08 de marzo del 2015

Viva la República!

República Dominicana conmemora hoy el 171 aniversario de su independencia agobiada por una incesante campaña de descrédito que intenta presentarla como comarca de racistas y xenófobos, pero sus buenos hijos se muestran resueltos a defender el principio de una patria libre y soberana que heredaron de sus padres fundadores.

Las generaciones presentes no asimilarían la trascendencia de la gesta separatista si no auscultan el periodo histórico de 22 años de ocupación haitiana sobre el Santo Domingo español, que se inició el 1 de diciembre de 1821, semanas después de la fallida proclamación de la Independencia por José Núñez de Cáceres.

Mucho se habla de que el gobierno de ocupación, encabezado por Jean Pierre Boyer, abolió la esclavitud que prevalecía en la parte este de la isla, pero se oculta que los más de ocho mil supuestos libertos fueron obligados a permanecer en las fincas agrícolas y ganaderas, con lo cual se mantuvo el vasallaje.

También se afirma que el régimen de Boyer impulsó la representatividad electoral, pero no se dice que restringió el uso de la lengua española y la mayoría de las costumbres de la población del lado este de la isla, a la que también prohibió ejercer el comercio, a menos que se juramentaran como ciudadanos haitianos.

No se niega que desde mucho antes de la proclamación de la independencia o emancipación de Haití (1804), el Santo Domingo español ya tenía una herencia cultural e híbrida, como lo cantó el poeta: “Ayer español nací, a la tarde fui francés, a la noche etíope fui, hoy dicen que soy inglés. No sé qué será de mí”.

Juan Pablo Duarte y los trinitarios emprendieron la ciclópea empresa de luchar contra la opresión de la dictadura de Boyer. De ahí su alianza con el movimiento que procuraba el fin de la tiranía; la separación de Haití y la fundación de una República Dominicana libre e independiente. Así nació el 27 de febrero de 1844, la patria amada, cuya soberanía se expresa en el territorio, sus instituciones político jurídicas, sus tradiciones, su idioma, su historia y su cultura.

La dominicanidad es un irrenunciable orgullo para todos los buenos hijos de Duarte, Sánchez, Mella, Luperón y tantos héroes y mártires, que con sus espadas y sangre colmaron de gloria al suelo patrio en las memorables batallas del 19 y 30 de marzo, del Memiso, Tortuguero, Cachimán, Las Carreras, Beller, El Número, Santomé y otras tantas.

Henchidos de fervor patriótico, los buenos y verdaderos dominicanos exhiben hoy el lienzo tricolor y proclaman a todo pulmón ¡Viva la República Dominicana!

Publicado por El Nacional el 27 de febrero del 2015

Descansa, querido amigo

La muerte de Antonio Abreu -Tonito-, acaecida el martes, después de una larga lucha contra el cáncer, conmocionó a su legión de amigos y compañeros que siempre le dispensamos aprecio porque fue un hombre bueno y patriota ejemplar.

Mi amistad directa y permanente con Tonito data de 1974 o 75, cuando ingresé a la redacción de periódico Vanguardia del Pueblo y también asumí el rol de activista nacional del PLD y mandadero del presidente del partido, profesor Juan Bosch.

Tonito fue escogido como primer secretario general del PLD, en mérito a su capacidad y desarrollo político demostrada durante el difícil periodo de la “Comisión Permanente” en el PRD, a través de la cual, el profesor Bosch intentó sin lograrlo convertir al buey blanco en un instrumento de liberación nacional.

Fue en el PLD una especie de armador que colocó sobre el terreno de la praxis política a los mejores talentos de la juventud de entonces, quienes encontraron en él al dirigente abierto y humilde.

Los días de Tonito fueron aquellos de “ser peledeísta es ser un soldado, valiente y disciplinado”, de “Juan Bosch es el guía, el PLD, la vía y “Juan Bosch, timón de la revolución”.

Aquel era un partido en el que la jerarquía más apreciada era la de miembro, que Bosch definía como un oficial en capacidad y calidad de dirigir al pueblo, aunque los cuadros y activistas políticos eran incansables trabajadores que viajaban día y noche por todo el territorio como mensajeros de las directrices de la organización.

Tonito Abreu heredó de don Juan la profundidad y firmeza del discurso político revolucionario, aunque no era de mucho hablar, pero sí de mucho hacer, al punto que tenía contacto directo, rápido y personal con todos los miembros y calculistas del partido en cualquiera de los comités intermedios o de base.

Bosch decía que la ideología no era garantía de unidad política o de unificación de criterios al interior del PLD, sino los “Métodos de Trabajo”, algo así como los estatutos partidarios, que llamó a cuidar “como niñas de propios ojos”. A pesar de eso el germen de la división se coló en las filas peledeístas.

Un día sábado de 1979, en la residencia de Félix Alburquerque, celebramos una asamblea de dirigentes convocada por Tonito Abreu, al término de la cual decidimos renunciar del PLD para formar otro partido que cumpliera con en anhelo de unificar a la izquierda.

Tonito estaba devastado por la decisión de romper con nuestro padre político, por diferencias que de forma y no de fondo. Semanas después formamos el Partido de la Unidad Democrática, que nunca cumplió con el objetivo que motivó su nacimiento.

Como buen hijo, Tonito regresó a su casa del PLD. Descansa, querido amigo.

Publicado por El Nacional el 22 de febrero del 2015