Tiro por la culata

El presidente Danilo Medina dejó con carabina en hombro a un ejército de carabineros mediáticos que planeaban masacrar su figura política el miércoles cuando pronunció un discurso a la nación, sobre el cual los verdugos creían que abordaría temas que le servirían como carne de cañón.

Ya antes esos políticos y comunicadores fracasaron en un intento de encerrona cuando pretendieron imponer un discurso basado en el supuesto soborno a legisladores para que aprobaran la reforma constitucional.

Esa intentona de desdibujar la imagen del mandatario fue desactivada por la abrumadora mayoría de asambleístas que sufragaron a favor de la reinstalación de la reelección presidencial, lo que demuestra que ese resultado fue la consecuencia directa de acuerdos políticos al interior del PLD y con el PRD y PRSC.

Es claro que la reforma constitucional tuvo su base en acuerdos políticos de largo alcance y no en el soborno, sin descartar la posibilidad de que se produjera alguna oferta o demanda, pero no es común ver al PLD, PRD y PRSC coincidir de manera absoluta en una votación de esa naturaleza.

Esos delirantes carabineros creían que el Presidente abordaría en su discurso la conclusión del Plan Nacional de Regularización Migratoria y que, por consiguiente hablaría sobre deportaciones masivas, o sobre posposición de las repatriaciones. En cualquiera de los casos se activaría el fuego cruzado.

También se esperaba que el jefe de Estado detallara lo relacionado con el acuerdo electoral anunciado en la víspera por el presidente del PRD, con lo cual los cañones se centrarían en desmeritar esa alianza de naturaleza histórica.

La verdad es que el contenido del discurso presidencial del miércoles era previsible, con excepción de quienes organizaron la fracasada celada mediática y política, porque Danilo prometió referirse al tema de la Reforma Constitucional, tan pronto concluyera su ciclo, y así lo hizo.

En ningún modo podía referirse al tema del programa de regulación migratoria, porque ya había tratado ese asunto en su discurso del 27 de febrero y porque no hay elementos que ameriten una nueva intervención presidencial.

Tampoco podía abordar lo relacionado con la alianza PLD-PRD, porque ese expediente debe sancionarlo previamente el Comité Político peledeísta, además de propias instancias perredeístas. Ni los más coléricos adversarios de Danilo se atreven a tildarlo de torpe.

El presidente Medina evadió el cerco mediático-político y pudo centrar su discurso a la nación en explicar detalladamente todo lo relacionado con el proceso de reforma constitucional, así como exponer los motivos que lo animan a colocar su destino político en manos de sus conciudadanos.

Publicado por El Nacional, el 21 de junio del 2015

Billete pelado

A rajatabla

Billete pelado

No se exagera si se afirma que el acuerdo entre Danilo y Leonel consolidó la unidad e institucionalidad del PLD y blindó la democracia dominicana ante  cualquier riesgo de retroceso político, además de garantizar  que la economía no  sería permeada de incertidumbre e inestabilidad.

Ese acuerdo, endosado a unanimidad por el Comité Político, fortalece también los liderazgos del presidente Medina y del ex presidente Fernández porque promovieron un entendimiento basado en los principios y colocaron los intereses  del Partido y de la nación por  encima de los propios.

Al rubricar ese convenio, el Presidente acogió la sugerencia de blindar el Texto Sustantivo, con lo que  evitó que  su nombre figurara en la historia al lado de Hipólito Mejía, como los mandatarios que modificaron la Constitución a golpe de mandarria.

El incidente mayor que produjo la crisis en el PLD, no fue  propiamente la decisión por mayoría del Comité político de promover una ley de convocatoria de la Asamblea Revisora para aprobar la reelección, sino la forma como se encamino esa iniciativa.

Es por  eso que al  insertarse en el acuerdo el compromiso de incluir la modificación de los artículos 271,272 y 273, de la Constitución a los fines  de aumentarla mayoría calificada para  modificar su contenido, la marea de la discordia bajó de inmediato.

La economía, que creció en el primer trimestre en 6.1% del PIB, que genero más de 200 mil empleos, que ha democratizado el crédito y que recibe el 36% de toda la inversión extranjera directa  que se dirige a el Caribe y Centroamérica, ha quedado completamente blindada.

El doctor Leonel Fernández demostró, contrario a lo que predicaron sus detractores, absoluto desprendimiento en torno a sus aspiraciones a obtener la candidatura presidencial de su partido, por lo que centro todo su esfuerzo en procurar el blindaje de la Constitución y de la institucionalidad del PLD.

Es de justicia decir que  el presidente Medina se erige hoy como un candidato de consenso para las elecciones de 2016, pero ha sido de provecho para la democracia, la economía y el Partido, que  la reelección armonice con la Carta Magna, porque los gobiernos peledeistas han sido los arquitectos e ingeniero del edificio jurídico político de la institucionalidad democrática.

Poderes facticos y mediáticos que emplearon tiempo y fortuna en el despropósito de destruir el liderazgo del ex presidente Fernández, y llevarse de paso al presidente Medina y a su gobierno progresista, han fracasado estrepitosamente. Leonel y Danilo halan la cuerda en la misma dirección. Billete Pelado.

Danilo, Leonel y la historia

La historia funge como el gran tribunal de los tiempos que juzga a los mortales conforme al fardo de cargo o descargo que dejaron a su paso por la vida, por lo que en la mayoría de las veces hay que esperar la muerte para recibir un juicio justo y poder acceder al parnaso de la gloria.

No solo América, sino toda la humanidad, han sido por siempre infeliz, porque reconoce a sus grandes vivos cuando ya son sus grandes muertos, como lo demuestra la constante de que la mayoría de los excelsos personajes históricos, tuvieron una vida signada por incomprensión y sufrimiento. Jesús es un ejemplo.

Juan Bosch fue en vida severamente vilipendiado por moros y cristianos que nunca lo reconocieron como auténtico padre de la democracia, a pesar de que fue quien encendió el faro para que la atribulada sociedad de hace más de medio siglo pudiese observar el firmamento de la libertad tras la decapitación de la tiranía.

¿Quién podría imaginarse que el Congreso de la República controlado entonces por el liberal Partido Revolucionario (PRD) declarara a Joaquín Balaguer y no a Bosch, padre de la democracia? La historia, en cambio, restituyó en las sienes de don Juan esa corona.

Peor que trágico sería que presentes generaciones olviden la historia reciente, porque se incurre en el riesgo de repetir trágicos extravíos que en un retroceso signado por la frustración, caos y pobreza, que provocó que la mayoría del pueblo se preguntara si valió la pena deshacerse de Balaguer y Trujillo.

Envuelto en un manto de esperanza y con la bendición de los electores, el PRD tuvo en 1978 el mandato libérrimo de poner a 12 años de despotismo ilustrado, pero el buen don Antonio Guzmán solo pudo cumplir con el sagrado compromiso de liberar los presos de conciencia y permitir el retorno de los exiliados. Entre la vida y la honra, prefirió suicidio.

El Gobierno de Salvador Jorge Blanco fue otro motivo de frustración, pese a que llegó a crear altísimas expectativas por tratarse de un dilatado civilista. Tuvo la desdicha de ser el primer presidente condenado por corrupción, en un juicio más político que jurídico. El 24 de abril de 1984, todavía perturba sueños.

Que no se hable de la tragedia que significó el gobierno de don Hipólito Mejía, porque todavía los fiscales de la historia revisan papeles del desastre, aunque él y sus 12 apóstoles andan pregonando una nueva iglesia y religión de incertidumbre.

La historia asignará un sitial de honor a los gobiernos del presidente Leonel Fernandez y a la gestión exitosa del presidente Danilo Medina, las cuales, sin omitir errores mayores y menores han estado asociadas al progreso y a la consolidación de la democracia.

Publicado por El Nacional el 24 de mayo del 2015

Caballo de Troya

Quienes pelean en la trinchera interna del PLD no parecen advertir que desde afuera llegan improvisados refuerzos con la doble intención de intensificar fuego contra la figura del expresidente Leonel Fernández e impedir una salida negociada al conflicto que fortalezca en vez de destruir al Partido.

Grupos políticos y mediáticos, que antes hicieron hasta lo imposible por tratar de impedir el triunfo electoral de Danilo Medina, hoy fungen de mercenarios que intervienen en la crisis peledeista con el claro propósito de incendiar la pradera morada en tal magnitud que el fuego destruya toda posibilidad de retener el poder.

Cada vez que se procura desbrozar un camino que conduzca al entendimiento aparecen esos esbirros que abren fuego contra dirigentes y legisladores del PLD, a quienes luego hacen creer que tienen permiso de algún alto mando para disparar a mansalva.

Ningún partido puede asumir la tarea de destruir a sus líderes, más aun si se trata de figuras como la de Leonel Fernández, tres veces presidente de la Republica por voluntad del pueblo dominicano, cuyos gobiernos han estado asociado al progreso y a la consolidación de la democracia.

El PLD esta compelido también a respaldar de manera irrestricta la buena gestión del presidente Danilo Medina, porque hacer lo contrario significaría asumir el falso discurso de la oposición política, la misma que apuesta a demoler la imagen política y personal del presidente del Partido.

Esos sectores externos intentan imponer un Estado Islámico, en territorio peledeista, son los mismos que construyen una unidad superflua sobre las cenizas del antiguo PPH, y los que preparan junto a la prensa haitiana una ofensiva internacional contra el gobierno del presidente Medina, tan pronto concluya el plazo último del Plan de Regularización Migratoria.

He dicho que el triunfo del PLD se cimenta en la suma de Leonel y Danilo, como la derrota sería la resta entre Danilo y Leonel, axioma que conocen muy bien quienes hoy aplican el aforismo de que el “enemigo de mi enemigo es mi amigo”, sin entender que otros piensan que el “amigo de mi enemigo es mi enemigo”.

Para poder desalojar ese Caballo de Troya y dar paso al entendimiento, a la unidad, se requiere que los peledeistas no accionen armas de destrucción, tales como el insulto y la mentira, ni acepten en sus trincheras a mercenarios, cuya intención no es otra que la destruir primero a Leonel, luego a Danilo y después al PLD.

Publicado por El Nacional el 17 de mayo del 2015

Plan en marcha

Dicen que el Plan fue puesto en ejecución hace más de diez años por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) durante un Congreso de la Iglesia de la Unificación, poderosa secta anticomunista, liderada por el multimillonario Sum Hyung Moon, con amplias ramificaciones empresariales y religiosas en América Latina.

En un mundo globalizado, con economía interconectada, ya no era posible detener el avance de líderes y grupos progresistas en América Latina mediante recetarios de dictaduras, golpes de Estado, o terrorismo, aunque grupos ultra conservadores de Estados Unidos definían como inadmisible ese nuevo escenario.

En un abrir y cerrar de ojo Evos Morales gobernaba en Bolivia, Cristina Fernández, en Argentina, Inacio Lula, en Brasil, Hugo Chávez, en Venezuela, Tavares Vásquez y José pepe Mojica, en Uruguay, Rafael Correa, en Ecuador, Daniel Ortega, en Nicaragua y Leonel Fernández, en República Dominicana.

En ese congreso, se resolvió promover la “judialización” de la lucha política contra ese liderazgo progresista de América Latina, lo que consistiría en la inversión de cuantiosos recursos a través de partidos y organizaciones no gubernamentales para degradar la buena percepción que tendrían esos líderes ante sus pueblos.

Es así como se  ejecutaron  cruentas campaña de descredito contra Evo, Cristina, Hugo, Lula, Dilma Rouseff, Correa, Ortega y Fernández, la mayor de las veces presentados como  estadistas corruptos o  permisivo frente ante la comisión de prevaricación.

Una simple revisión de cada caso, demuestra que los promotores  de esa “judializacion” de la política, no  aspiran y posiblemente no desean que los tribunales se pronuncien de manera definitiva sobre las denuncias de corrupción o cohecho. El propósito siempre ha sido  destruir reputación.

En República Dominicana, esa estrategia ha sido aplicada a pie de letra, aunque no creo que  con éxito garantizado, porque las encuestas indican que el liderazgo básico del PLD (Leonel fernandez y Danilo Medina) mantiene  elevado nivel de  credibilidad de la ciudadanía.

La historia se cuenta simplemente para advertir  a protagonistas de la crisis que afecta hoy al Partido de gobierno, que por esa y por muchas otras razones están  compelidos a formar parte de la solución y no del problema, a garantizar la unidad por encima de cualquier otro interés.

Por su condición de presidente democrático y progresista, Danilo Medina  figuraría en la lista de líderes de América Latina a quienes el clan ultraconservador intentaría lapidar, como hoy lo procura contra otros  presidentes democráticos y revolucionarios del continente.

Publicado por El Nacional el 10 de mayo del 2015

Juan Bosch en el corazón

Hoy es uno de esos días que despierto pensando en cómo transcurrieron mis días de mandadero de Juan Bosch, honroso quehacer que por varios años compartí con Juan Freddy Armando, Raúl Bartolomé y Mario Méndez, quienes también fungíamos como redactores del periódico Vanguardia del Pueblo.

Con 40 años menos del fardo que acarreamos hoy, pero inconmensurable fervor político y deseo de aprender. Hay que imaginarse lo que significaba para cuatro jóvenes que apenas bordeaban la mayoría de edad saberse cerca de un líder de la dimensión de don Juan.

Nos peleábamos por el privilegio de llevarle las páginas originales de vanguardia y corregir con él el contenido del periódico, incluido sus artículos de páginas centrales, porque además de aprender buen periodismo, abrevamos en una inagotable fuente de sabiduría política, ética y moral.

Doña Ninon de Salenme, quien por muchos años tuvo a su cargo la diagramación de Vanguardia y de los libros de don Juan, nos recuerda como tres muchachos flacos, a quienes encerraba en una de las oficinas para trabajar en la corrección del periódico sin que otros clientes lo supieran.

Todos recordamos algún momento memorable de nuestra cotidiana presencia en la oficina del líder, de la César Nicolás Penson 60, en Gazcue. Yo, por ejemplo, guardo como tesoro en mi recuerdo aquel día que don Juan me asignó un vehículo y me aumentó la asignación como periodista de Vanguardia de 60 a cien pesos mensuales.

En una ocasión, Mario, Raulín, Juan Freddy y yo fuimos convocados para ayudar a don Juan a “mudar” de un sitio a otro, algunos de sus libreros, fue una experiencia extraordinaria compartir esa jornada con alguien que murió con la condición de prócer de la República.

Una vez, don Juan vaticinó que Mario sería un buen periodista, como así fue; elogiaba la poesía de Raulín y Juan Freddy, quienes con frecuencia publicaban sus creaciones en la página cultural de Vanguardia. Yo me enrolé más como mandadero en asuntos políticos.

Raulín y yo renunciamos del Partido en 1979, junto a Tonito Abreu y muchos dirigentes más, después de las elecciones del 78, en las que obtuvimos 18 mil votos. Juan Freddy y Mario siguieron, hasta que uno escogió el periodismo y el otro la promoción cultural.

Tiempo pasado siempre fue mejor, pero aquellos tiempos fueron muy especiales, porque siempre la palabra compañero estuvo a flor de labio, como aquella expresión de “Servir al Partido para servir al pueblo”, así como el respeto a los métodos de trabajo, al centralismo democrático.

No me pidan que en este domingo, por favor, que escriba sobre el PLD de hoy. Aunque quisiera, no puedo. Hoy amanecí con Juan Bosch en la cabeza y en el corazón.

Sin sobrepasarse

Todavía hoy albergo una mezcla de seguridad y esperanza de que el Comité Político del PLD actúe con sabiduría para preservar la unidad en la diversidad como el activo más preciado para que ese partido consolide el proyecto de nación que la historia le ha encomendado encarnar.

La de hoy es una sesión complicada porque el CP abordaría el tema de la reelección presidencial, que en términos estrictamente técnicos no puede rechazar ni aprobar, pues sus atribuciones no alcanzan a suplantar o invadir otros poderes del Estado.

Es por eso que he señalado que para el partido oficial, el tema de la reelección es de carácter político, no ético, moral, ni siquiera jurídico, porque en este último caso el Comité Político no tendría calidad para abordarlo.

Los miembros de ese órgano podrían determinar si resulta conveniente o no recorrer el camino hacia a la repostulación presidencial, porque corresponde a otro Poder del Estado la potestad de aprobarlo o rechazarlo mediante una convocatoria a Asamblea Revisora del Texto Constitucional.

El tema de la reelección es de carácter político, no ético, moral, ni siquiera jurídico

Si se escoge o se rechaza pura y simplemente la opción de la reelección, basado en el uso de la mayoría sobre la minoría, o bajo el criterio de que una parte de la representación congresual no aceptaría, entonces la posible solución o salida tendría efecto de cicuta para el Partido.

La mejor sombrilla sobre la que debe cobijarse el CP es la de consolidar el proyecto de nación que la historia ha encomendado al PLD, porque esa sería una amplia cobija que permitiría colocar el largo plazo sobre el inmediatismo y anteponer los intereses de la nación a las apetencias personales o grupales.

Danilo Medina y Leonel Fernández están hoy compelidos a conjugar sus liderazgos en el único propósito de que se consolide la unidad en base a la diversidad y, que en vez de satisfacer intereses de mutuas graderías, se garantice la máxima peledeista de que se sirve al Partido para servir al pueblo.

El Comité Político del PLD deberá conducirse con debida prudencia, porque no se trata de que una posición aplaste a la otra, sino que se produzca en términos políticos una correspondencia biunívoca basada en el principio de que las contradicciones se manejan en base a la razón, los principios y sin sobrepasarse.

Publicado por El Nacional el 19 de abril del 2015

Maniobra sediciosa

El propósito de este oleaje mediático y fáctico no es ni ha sido el de combatir la corrupción ni adecentar al Poder Judicial, pues sus auspiciadores visibles y ocultos carecen de calidad política y moral para emprender una cruzada de ese tipo en razón de que han sido siempre causa y parte del problema.

Los que desde las poltronas de gremios y fundaciones empresariales atizan el descrédito contra el sistema de justicia representan los mismos litorales corporativos que antes manejaban a control remoto a los tribunales, incluido la redacción a distancia de sentencias y dictámenes.

La vez que el presidente Balaguer definió a la justicia como mercado de compra y venta de sentencia, ese gremio empresarial no produjo un espacio pagado en la prensa ni financió la opinión sesgada de una fundación relacionada. ¿Acaso en esa oportunidad no era imperativo moral denunciar la corrupción judicial?

A quién se pretende acusar por los mercaderes en el templo fue el estadista que en 1997 produjo y dirigió la primera gran reforma judicial al poner en práctica la reforma constitucional de 1994, que instituyó el Consejo Nacional de la Magistratura.

En esa ocasión, el gobierno del mismo partido que hoy dirige los designios nacionales, convocó a la clase política, académica y a toda la sociedad organizada a participar en la selección de los jueces de la Suprema Corte de Justicia, aleccionador proceso que se efectuó por televisión.

Daba gusto ver a través de la pantalla chica a la doctora Milagros Ortiz Bosch referirse al contenido de ese proceso y señalar bondades de posibles candidatos, porque se sabía de ese modo se consolidaba el espacio democrático.

Hoy, la corriente política a la que pertenece la doctora Ortiz Bosch convoca movilizaciones contra un Poder Judicial legítimo y legal, con jueces de la Suprema Corte escogidos por el CNM, que a su vez integran ocho miembros, cinco de los cuales fueron elegidos por el voto popular, por lo que el despropósito contra la justicia tiene carácter de sedicioso.

Revísese la matrícula de jueces de la SCJ y el historial de cada uno de esos magistrados, incluidos los propuestos por partidos políticos de oposición, en la seguridad de que se llegará a la conclusión de que son magistrados honorables que ejercen su sacerdocio con denodada vocación y responsabilidad.

Las sentencias se atacan o se recurren por vía de los recursos, como ha hecho el Ministerio Público frente a un fallo que considera equivocado, pero cuando se trata de atacar la conducta de un juez, se requiere de pruebas fehacientes o evidencias sobre posible venalidad o prevaricación. Lo mismo cuanta para los fiscales, que no están exentos de la sospecha pública.

Publicada por El Nacional el 12 de abril del 2015

El Partido

Cuál es la contradicción principal que genera el debate al interior del Partido de la Liberación (PLD)? ¿La reelección? ¿La candidatura de Leonel Fernández? Ninguna puede ser, porque la competencia por una nominación electiva en el Estado, es una cuestión normativa en una institución partidaria de naturaleza democrática.

Aunque la propuesta sobre repostular al presidente Danilo Medina parece la causa esencial del alboroto, se debería entender que ese es un tema político, no ideológico ni ético, por tanto no deriva en un tipo de contradicción de naturaleza esencial que ponga en riesgo la unidad del partido.

Lo mismo puede decirse de la oferta de candidatura presidencial del doctor Fernández, que por supuesto, no sería causa ni consecuencia para que en el PLD se genere o se alimente un debate que desemboque en contradicción principal.

Para Lenin, la “unidad solo puede realizarse mediante una organización cuyos acuerdos cumplan concienzuda y voluntariamente todos los obreros conscientes…” al tiempo que aconsejaba “discutir el problema, expresar y oír opiniones distintas, estampar este criterio en una resolución”, que debe “cumplirse honestamente”.

Si se separa el concepto de partido de la clase obrera, lo dicho por Lenin válido para el PLD, especialmente en lo referido a que “cumplir honestamente con las resoluciones del partido” es lo que se llama unidad en todas las partes del mundo y por toda la gente sensata”.

En el texto “Sobre la Contradicción”, de Mao Tse Tung se procura demostrar que la contradicción existe en el proceso de desarrollo de toda cosa, obviamente, también en el seno de un partido político, con categoría de principal o secundaria.

Juan Bosch procuró una fórmula para evitar que un mal encauzamiento de las contradicciones derivara en lo que Lenin definió como “enfermedad infantil” y Mao como “las siete patas del Gato”, que incluyen grupismo, oportunismo, individualismo, sectarismo, criticismo, etcétera.

El remedio de don Juan fue bautizado como “Métodos de Trabajo” y consistía en un conjunto de normativas extrapartidaria que todo peledeísta debía cumplir y cuidar “como niñas de propios ojos”, que preservaban al Partido de infecciones transmitidas por los distintos segmentos de la pequeña burguesía.

Sería fatal para el PLD y para la democracia que el Partido se dividiera en la práctica en cacicazgos grandes, medianos o pequeños o que competencias legítimas o querellas menores se conviertan en contradicciones principales que segmente o atomicen un instrumento creado por Juan Bosch con la tarea de completar la obra de Juan Pablo Duarte.

Téngase en cuenta que el Partido es el todo que está por encima y es superior a todas y cada una de sus partes. La membresía del PLD y la sociedad consciente confían en el liderazgo de Danilo y Leonel.

Publicado por El Nacional el 29 de marzo del 2105

La palabra compañero

Me consta, porque fui actor y testigo de esa historia, que Juan Bosch luchó hasta el último momento por evitar aquella división que sufrió el Partido de la Liberación (PLD), a principios de 1979, cuando decenas de dirigentes, encabezados por el secretario general, Antonio Abreu, renunciamos a la organización.

En la Conferencia “Ho Chi Ming”, celebrada meses antes en la sede que hoy ocupa el Ministerio de Cultura, don Juan habló sobre el valor de la unidad partidaria basada en la observancia de los principios cardinales del Partido y de sus métodos de trabajo.

Aun así, en esa actividad se selló la división del PLD porque, conscientes o no, todos nos encargamos de fomentar el grupismo y nos olvidamos de las enseñanzas del líder, sobre espíritu de cuerpo, disciplina y conciencia política.

La mayoría de los que renunciamos al PLD nos guarecimos en el falso argumento de que combatíamos a una facción de derecha, pero la verdad era que la frustración nos arropó por los resultados de las elecciones del 78, y porque Juan Bosch exigía trabajar día y noche, hasta que se agotaran las fuerzas para seguir de pie.

En ese tiempo, un miembro del PLD era en la práctica un cuadro político a tiempo completo, con responsabilidades como las de dirigir Círculos de Estudios, comités patrióticos y populares, venta de Vanguardia del Pueblo, discusión con sus lectores de los artículos de Bosch, participar en su propio organismo y cumplir otras tareas.

Tan fuerte era el compromiso con el Partido que el Comité Político disolvió los organismos estudiantiles en la UASD y en los liceos para evitar distracciones esos cuadros porque la condición mayor de un peledeista fue la de miembro, la que no se alcanzaba tan fácilmente.

Hoy, 37 años después, el PLD, en su etapa de partido mayoritario, parece amenazado con sufrir un crack interno de naturaleza irracional, porque sería producido por un desbordamiento de ambiciones o por equivocada visión de la presente coyuntura político electoral.

En 1978, la irracionalidad política llegó tan lejos que ni Juan Bosch pudo contener la tormenta, pero hoy sus alumnos más aventajados convertidos en líderes y dirigentes, tienen la obligación de promover e imponer la unidad, a cualquier costo, sin importar sacrificios personales o grupales.

En una ocasión, Bosch advirtió a dirigentes de mi Comité Intermedio que “si guerra quieren guerra van a tener”, a lo que le respondí: “compañero presidente, usted nos enseñó a tener y defender el espíritu de partido”, tras lo cual acogió el planteamiento que le formulamos.

Ante el desafío que enfrenta el PLD, Danilo Medina y Leonel Fernández están compelidos a promover unidad en la diversidad, espíritu de partido y recrear aquel poema de Amiro Cordero Saleta, que resalta “la palabra compañero”.

Publicado por El Nacional el 22 de marzo del 2015