La palabra compañero

Me consta, porque fui actor y testigo de esa historia, que Juan Bosch luchó hasta el último momento por evitar aquella división que sufrió el Partido de la Liberación (PLD), a principios de 1979, cuando decenas de dirigentes, encabezados por el secretario general, Antonio Abreu, renunciamos a la organización.

En la Conferencia “Ho Chi Ming”, celebrada meses antes en la sede que hoy ocupa el Ministerio de Cultura, don Juan habló sobre el valor de la unidad partidaria basada en la observancia de los principios cardinales del Partido y de sus métodos de trabajo.

Aun así, en esa actividad se selló la división del PLD porque, conscientes o no, todos nos encargamos de fomentar el grupismo y nos olvidamos de las enseñanzas del líder, sobre espíritu de cuerpo, disciplina y conciencia política.

La mayoría de los que renunciamos al PLD nos guarecimos en el falso argumento de que combatíamos a una facción de derecha, pero la verdad era que la frustración nos arropó por los resultados de las elecciones del 78, y porque Juan Bosch exigía trabajar día y noche, hasta que se agotaran las fuerzas para seguir de pie.

En ese tiempo, un miembro del PLD era en la práctica un cuadro político a tiempo completo, con responsabilidades como las de dirigir Círculos de Estudios, comités patrióticos y populares, venta de Vanguardia del Pueblo, discusión con sus lectores de los artículos de Bosch, participar en su propio organismo y cumplir otras tareas.

Tan fuerte era el compromiso con el Partido que el Comité Político disolvió los organismos estudiantiles en la UASD y en los liceos para evitar distracciones esos cuadros porque la condición mayor de un peledeista fue la de miembro, la que no se alcanzaba tan fácilmente.

Hoy, 37 años después, el PLD, en su etapa de partido mayoritario, parece amenazado con sufrir un crack interno de naturaleza irracional, porque sería producido por un desbordamiento de ambiciones o por equivocada visión de la presente coyuntura político electoral.

En 1978, la irracionalidad política llegó tan lejos que ni Juan Bosch pudo contener la tormenta, pero hoy sus alumnos más aventajados convertidos en líderes y dirigentes, tienen la obligación de promover e imponer la unidad, a cualquier costo, sin importar sacrificios personales o grupales.

En una ocasión, Bosch advirtió a dirigentes de mi Comité Intermedio que “si guerra quieren guerra van a tener”, a lo que le respondí: “compañero presidente, usted nos enseñó a tener y defender el espíritu de partido”, tras lo cual acogió el planteamiento que le formulamos.

Ante el desafío que enfrenta el PLD, Danilo Medina y Leonel Fernández están compelidos a promover unidad en la diversidad, espíritu de partido y recrear aquel poema de Amiro Cordero Saleta, que resalta “la palabra compañero”.

Publicado por El Nacional el 22 de marzo del 2015

La palabra compañero

A rajatabla

Me consta, porque fui actor y testigo de esa historia, que Juan Bosch luchó hasta el último momento por evitar aquella división que sufrió el Partido de la Liberación (PLD), a principio de 1979, cuando decenas de dirigentes, encabezados por el secretario general, Antonio Abreu, renunciamos a la organización.
En la Conferencia “Ho Chi Ming”, celebrada meses antes en la sede que hoy ocupa el Ministerio de Cultura, don Juan habló sobre el valor de la unidad partidaria basada en la observancia de los principios cardinales del Partido y de sus métodos de trabajo.
Aun así, en esa actividad se selló la división del PLD porque, conscientes o no, todos nos encargamos de fomentar el grupismo y el sectarismo y nos olvidamos de las enseñanzas del líder, sobre espíritu de cuerpo, centralismo democrático, disciplina y conciencia política.
La mayoría de los que renunciamos al PLD nos guarecimos en el falso argumento de que combatíamos a una facción de derecha, pero la verdad era que la frustración nos arropó por los resultados de las elecciones del 78, y porque Juan Bosch exigía trabajar día y noche, hasta que se agoten las fuerzas para seguir de pie.
En ese tiempo, un miembro del PLD era en la práctica un cuadro político a tiempo completo, con responsabilidades tan complejas como las de dirigir Círculos de Estudio, comité patrióticos y populares, venta y cobro de Vanguardia del Pueblo, discusión con sus lectores de los artículos de Bosch, además de participar en su propio organismo y cumplir otras tareas.
Tan fuerte e intenso era el compromiso con el Partido que el Comité Político disolvió los organismos estudiantiles en la UASD y en los liceos para evitar distracciones en sus cuadros juveniles, porque la condición mayor de un peledeista fue la de miembro, la que no se alcanzaba tan fácilmente.
Hoy, 37 años después, el PLD, en su etapa de partido mayoritario, parece amenazado con sufrir un crack interno de naturaleza irracional, porque sería producido por un desbordamiento de ambiciones o por equivocada visión de la presente coyuntura político electoral.
En 1978, la irracionalidad política llegó tan lejos que ni Juan Bosch pudo contener la tormenta, pero hoy sus alumnos más aventajados convertidos en líderes y dirigentes, tienen la obligación de promover e imponer la unidad, a cualquier costo, sin importar sacrificios personales o grupales.
En una ocasión, Juan Bosch advirtió a dirigentes de mi Comité Intermedio que “si guerra quieren guerra van a tener”, a lo que humildemente le respondí: “compañero presidente: usted nos enseñó a tener y defender espíritu de partido”, tras lo cual acogió el planteamiento que le formulamos.
Ante el desafío que enfrenta el PLD, Danilo Medina y Leonel Fernández están compelidos a promover unidad en la diversidad, espíritu de partido y recrear aquel poema de Amiro Cordero Saleta, que resalta “la palabra compañero”.

Efervescencia en el PLD

A rajatabla

Cuando se padece de algún problema estomacal por desordenada ingesta de comida o bebida, la mayoría recurrimos a cualquiera de dos emblemáticos laxantes, uno en tableta y el otro en polvo, que se vuelven efervescentes al colocarlo en agua, por lo que se recomienda esperar a que el líquido en el vaso se tranquilice, antes de consumirlo.
La efervescencia que producen esos laxantes al mezclarlo con agua es temporal y se produce para bien, no para mal, aunque no es prudente cuando parece que el brebaje está hirviendo, porque en vez de aliviar, empeora el malestar.
Algo similar parece ocurrir en el Partido de la Liberación (PLD) con el debate sobre la reelección y la candidatura presidencial del doctor Leonel Fernández, solo que sectores, básicamente extra partido, procuran crear la falsa percepción de que la efervescencia en el vaso tiene efecto de un tsunami.
El presidente Medina y el doctor Fernández, además de líderes y estadistas, son dirigentes políticos muy bien entrenados, en quienes las emociones no se desparraman sobre la objetividad y cuyas cabezas permanecen frías como glaciar, aunque sus corazones ardan como volcán en erupción.
Lo que se percibe como un huracán o maremoto no son más que vientos alisios en la atmósfera de un partido que produce oleajes fuertes, sin impedir que naveguen las ideas en un mar abierto de unidad en la diversidad.
Si en algo están claros y contestes Danilo y Leonel es en su irrenunciable e ineludible compromiso, no solo de preservar, sino de fortalecer la unidad en el PLD, aunque para ello sea preciso renunciar o postergar legítimas aspiraciones.
En términos estratégicos, los enemigos de Leonel, los son de Danilo o viceversa, aunque por inexperiencia política o exceso de entusiasmo, gente de uno y otro litoral permitan el abordaje de filibusteros con propósito oculto de hundir la nave, junto a la cual zozobraría la gobernanza y la economía.
No ha sido casual que desde aceras opuestas escogieran a Leonel como su primer blanco de ataque desde retretes de infamia. El propósito siempre ha sido el de divide y vencerá, en el entendido de que después de uno, el objetivo ha de ser el otro.
La efervescencia política que se observa hoy al interior del PLD no pone ni debe poner en peligro la unidad de esa organización, sostén principal de la democracia política. Es simplemente el alboroto de agua en vaso, cuando se le agregan laxantes, que alivian el malestar estomacal.

Haiti: Ver para creer

Haití abre y cierra a conveniencia las puertas del diálogo o entendimiento con República Dominicana, al punto que la Comisión Mixta Bilateral no ha podido desarrollar ninguna agenda de desarrollo porque no ceden los cerrojos en los portones del lado oeste.
Es por eso que las seguridades dadas en Guatemala al canciller dominicano por su colega haitiano Pierre Doly Brutus, de que Puerto Príncipe retomará los trabajos de esa comisión deben ser recibidas con reservas y cautela.
Una dosis igual de incredulidad debe inyectarse a la promesa del canciller Brutus, de que las autoridades garantizarían la integridad física del personal y la seguridad de los locales donde funcional las legaciones diplomáticas y consulares dominicanas.
A la firme decisión del gobierno dominicano de cerrar sus cinco consulados en Haití como respuesta a las agresiones contra esas sedes, a las autoridades haitianas no le queda de otra que ofrecer plena garantía de seguridad, pero lo importante sería que esos desmanes no se repitan.
El canciller Andrés Navarro ha hecho lo pertinente al aceptar las promesas de su colega haitiano, pero se precisa de mayores de que esta vez el diálogo entre ambas naciones no estará supeditado a intereses espurios de una elite política o económica de Haití.
Es una pena que por falta imputable al vecino, la Comisión Mixta Domínico Haitiana no haya podido impulsar urgentes proyectos sobre comercio, inversión, migración y seguridad fronteriza, entre otros que serían de gran provecho para ambas naciones, en especial para Haití.
No resulta fácil depositar toda la confianza en un canciller que alentó y aprobó una marcha que concluyó en una agresión a pedradas contra el consulado general de Republica Dominicana en Haití, donde fue arriada la bandera nacional, después de lo cual felicitó a los participantes.
Aun así, la conversación sostenida por los cancilleres dominicanos y haitiano, en el marco de la Vigésima Conferencia de Ministros de la Asociación de Estados del Caribe (AEC), se define como positiva, pero sin mayores expectativas. Ver para creer.

El espejo boricua

A los dominicanos debería dolernos la terrible crisis económica que padece el pueblo de Puerto Rico, al que nos une una histórica relación de hermandad y solidaridad que data de siglos, a lo largo de los cuales indistintamente han servido de paño de lágrimas cuando el otro padece sufrimiento económico o represión política

En termino técnico, Borinquen está en quiebra, pues su deuda representa más del cien por ciento de su Producto Interno Bruto (PIB), con el agravante de que carece de capacidad material para afrontarla y de condiciones jurídicas para renegociarla.

Se sabe que Puerto Rico tiene la condición de Estado Libre Asociado de Estados Unidos, una especie de neo colonialismo que anula la posibilidad de ejercer prerrogativas esenciales que les son dadas a naciones totalmente libres, como la propia independencia económica, monetaria o poder contratar de manera soberana.

El mejor ejemplo de lo antes expuesto, lo representa la declaratoria de inconstitucionalidad por una corte federal de la ley de quiebra interna o corporativa votada por el parlamento puertorriqueño, porque supuestamente todo lo relacionado con el tema de insolvencia económica corresponde dirimir a instancias de Washington.

Resulta que en su relativa condición de colonia, Puerto Rico carece de los privilegios que ostentan los 50 estados de la Unión Americana, los que reciben asistencia federal en caso de declaratoria de quiebra o bancarrota, como ocurrió con Detroit.

Las calificadoras de riesgo han degradado la deuda de Puerto Rico, estimada en 70 mil millones de dólares, a la condición de papeles basura, lo que eleva los intereses, disminuye su valor de reventa y en términos prácticos la convierte en impagable

Además de esa cruenta crisis de deuda, Borinquen padece de una grave crisis fiscal que hace difícil hasta poder sufragar la nómina pública, por lo que el Gobierno impulsa la aplicación del Impuesto al Valor Agregado (IVA), similar al Itbis vigente aquí.

El IVA sería para todos los productos de consumo y servicios, incluido la educación, servicio eléctrico, telefónico, transporte y artículos tan esenciales como granos, grasas, carnes, leche y pan, lo que sin dudas agravaría la crisis económica y degradaría aun mas la calidad de vida de los ciudadanos.

Lo pero de todo es que el pueblo de Puerto Rico parece perder la esperanza de que la crisis cedería , aun sea a mediano plazo, por lo que muchas familias deciden emigrar a Estados Unidos e incluso hacia República Dominicana. Siento mucho pesar por nuestros hermanos boricuas, a quienes les sobra valor y coraje para superar tan amargos momentos.

Publicado por El Nacional el 08 de marzo del 2015

Viva la República!

República Dominicana conmemora hoy el 171 aniversario de su independencia agobiada por una incesante campaña de descrédito que intenta presentarla como comarca de racistas y xenófobos, pero sus buenos hijos se muestran resueltos a defender el principio de una patria libre y soberana que heredaron de sus padres fundadores.

Las generaciones presentes no asimilarían la trascendencia de la gesta separatista si no auscultan el periodo histórico de 22 años de ocupación haitiana sobre el Santo Domingo español, que se inició el 1 de diciembre de 1821, semanas después de la fallida proclamación de la Independencia por José Núñez de Cáceres.

Mucho se habla de que el gobierno de ocupación, encabezado por Jean Pierre Boyer, abolió la esclavitud que prevalecía en la parte este de la isla, pero se oculta que los más de ocho mil supuestos libertos fueron obligados a permanecer en las fincas agrícolas y ganaderas, con lo cual se mantuvo el vasallaje.

También se afirma que el régimen de Boyer impulsó la representatividad electoral, pero no se dice que restringió el uso de la lengua española y la mayoría de las costumbres de la población del lado este de la isla, a la que también prohibió ejercer el comercio, a menos que se juramentaran como ciudadanos haitianos.

No se niega que desde mucho antes de la proclamación de la independencia o emancipación de Haití (1804), el Santo Domingo español ya tenía una herencia cultural e híbrida, como lo cantó el poeta: “Ayer español nací, a la tarde fui francés, a la noche etíope fui, hoy dicen que soy inglés. No sé qué será de mí”.

Juan Pablo Duarte y los trinitarios emprendieron la ciclópea empresa de luchar contra la opresión de la dictadura de Boyer. De ahí su alianza con el movimiento que procuraba el fin de la tiranía; la separación de Haití y la fundación de una República Dominicana libre e independiente. Así nació el 27 de febrero de 1844, la patria amada, cuya soberanía se expresa en el territorio, sus instituciones político jurídicas, sus tradiciones, su idioma, su historia y su cultura.

La dominicanidad es un irrenunciable orgullo para todos los buenos hijos de Duarte, Sánchez, Mella, Luperón y tantos héroes y mártires, que con sus espadas y sangre colmaron de gloria al suelo patrio en las memorables batallas del 19 y 30 de marzo, del Memiso, Tortuguero, Cachimán, Las Carreras, Beller, El Número, Santomé y otras tantas.

Henchidos de fervor patriótico, los buenos y verdaderos dominicanos exhiben hoy el lienzo tricolor y proclaman a todo pulmón ¡Viva la República Dominicana!

Publicado por El Nacional el 27 de febrero del 2015

Descansa, querido amigo

La muerte de Antonio Abreu -Tonito-, acaecida el martes, después de una larga lucha contra el cáncer, conmocionó a su legión de amigos y compañeros que siempre le dispensamos aprecio porque fue un hombre bueno y patriota ejemplar.

Mi amistad directa y permanente con Tonito data de 1974 o 75, cuando ingresé a la redacción de periódico Vanguardia del Pueblo y también asumí el rol de activista nacional del PLD y mandadero del presidente del partido, profesor Juan Bosch.

Tonito fue escogido como primer secretario general del PLD, en mérito a su capacidad y desarrollo político demostrada durante el difícil periodo de la “Comisión Permanente” en el PRD, a través de la cual, el profesor Bosch intentó sin lograrlo convertir al buey blanco en un instrumento de liberación nacional.

Fue en el PLD una especie de armador que colocó sobre el terreno de la praxis política a los mejores talentos de la juventud de entonces, quienes encontraron en él al dirigente abierto y humilde.

Los días de Tonito fueron aquellos de “ser peledeísta es ser un soldado, valiente y disciplinado”, de “Juan Bosch es el guía, el PLD, la vía y “Juan Bosch, timón de la revolución”.

Aquel era un partido en el que la jerarquía más apreciada era la de miembro, que Bosch definía como un oficial en capacidad y calidad de dirigir al pueblo, aunque los cuadros y activistas políticos eran incansables trabajadores que viajaban día y noche por todo el territorio como mensajeros de las directrices de la organización.

Tonito Abreu heredó de don Juan la profundidad y firmeza del discurso político revolucionario, aunque no era de mucho hablar, pero sí de mucho hacer, al punto que tenía contacto directo, rápido y personal con todos los miembros y calculistas del partido en cualquiera de los comités intermedios o de base.

Bosch decía que la ideología no era garantía de unidad política o de unificación de criterios al interior del PLD, sino los “Métodos de Trabajo”, algo así como los estatutos partidarios, que llamó a cuidar “como niñas de propios ojos”. A pesar de eso el germen de la división se coló en las filas peledeístas.

Un día sábado de 1979, en la residencia de Félix Alburquerque, celebramos una asamblea de dirigentes convocada por Tonito Abreu, al término de la cual decidimos renunciar del PLD para formar otro partido que cumpliera con en anhelo de unificar a la izquierda.

Tonito estaba devastado por la decisión de romper con nuestro padre político, por diferencias que de forma y no de fondo. Semanas después formamos el Partido de la Unidad Democrática, que nunca cumplió con el objetivo que motivó su nacimiento.

Como buen hijo, Tonito regresó a su casa del PLD. Descansa, querido amigo.

Publicado por El Nacional el 22 de febrero del 2015

Desacansa, querido amigo

La muerte de Antonio Abreu -Tonito-, acaecida el martes, después de una larga lucha contra el cáncer que finalmente lo abatió, conmocionó a  su gran legión de amigos y compañeros que siempre le dispensamos aprecio y admiración porque  fue un hombre bueno y patriota ejemplar.

Mi amistad directa y permanente con Tonito data de 1974 o 75, cuando ingresé a la redacción de periódico Vanguardia del Pueblo y también  asumí el rol de activista nacional del PLD y mandadero del presidente del partido, profesor Juan Bosch.

Tonito fue escogido  como primer secretario general del PLD, en mérito a  su capacidad y desarrollo político demostrada durante el difícil periodo de la “Comisión Permanente” en el PRD,  a través de la cual, el profesor Juan Bosch intentó sin lograrlo convertir al buey blanco en un  instrumento de liberación nacional.

Fue en el PLD una especie de armador que  colocó sobre el terreno de la praxis políticas a los mejores  talentos de la juventud de entonces, quienes  encontraron en el  al dirigente abierto y humilde que afrontaba el día a día y  ejecutaba las directrices del Comité Político.

Los días de Tonito fueron aquellos de “ser peledeista es ser un soldado, valiente y disciplinado”, de “Juan Bosch es el guía, el PLD, la vía y “Juan Bosch, timón de la revolución”. También  de los “esfuerzos concentrados” y de los “comités patrióticos y populares”.

Aquel era un partido  en el que la jerarquía más apreciada era la de miembro, que Bosch definía como un  oficial en capacidad y calidad de  dirigir al pueblo,  aunque los cuadros y activistas políticos eran incansables trabajadores que viajaban día y noche por todo el territorio como mensajeros de las  directrices de la organización.

Tonito Abreu heredó de don Juan la profundidad y firmeza del  discurso político revolucionario, aunque no era de mucho hablar, pero sí de mucho hacer, al punto que tenía contacto directo, rápido y personal con  todos los miembros y calculistas del partido en cualquiera de los comités intermedios o de base.

Juan Bosch  decía que la ideología no era garantía de unidad política o  de unificación de criterios al interior del PLD, sino los “Métodos de Trabajo”, algo así como los estatutos partidarios, que llamó a cuidar “como niñas de propios ojos”. A pesar de eso el germen de la división se coló  en las filas peledeistas.

Un día sábado de 1979, en la residencia de Félix Alburquerque, creo que en el ensanche Espaillat, celebramos una  asamblea de dirigentes convocada por Tonito Abreu, al término de la cual decidimos renunciar  del PLD para  formar otro partido que cumpliera con en anhelo de unificar a la izquierda.

Como la mayoría de nosotros, Tonito estaba devastado por  la decisión de romper con  nuestro padre político, por diferencias que de forma y no de fondo. Semanas después formamos el Partido de la Unidad Democrática, que nunca cumplió con el objetivo que motivo su nacimiento.

Como buen hijo, Tonito regresó a su casa del PLD, de la que nunca debió irse. Trajo consigo su humildad, reciedumbre política, don de gente y lealtad, atributos que ha dejado como legado a su familia, a sus amigos y a su pueblo. Descansa,  querido amigo.

Gravísimo error

Acusar o incluir a funcionarios o gente del Gobierno en la campaña sucia contra el ex presidente Leonel Fernández, no solo es injusto sino que se incurre en el gravísimo error de caer en la trampa de litorales políticos y mediáticos que embadurnan de estiércol el debate pre electoral.

En 2008, Danilo Medina se fue del Palacio Nacional para emprender su propio camino hacia la nominación presidencial, pero ni antes ni después permitió que ninguno de sus seguidores asumiera actitudes desconsideradas contra sus compañeros de partido.

Esa misma actitud mantuvo Leonel ante Danilo quien le disputaba la candidatura a la primera magistratura del Estado por el PLD, de forma tal que cuando terminó la contienda interna, la mayoría de los danilistas se sumaron a la campaña a favor del candidato triunfante.

En 2012, los litorales que hoy juegan a la división entre los presidentes de la República y del PLD, la emprendieron en forma grosera contra el candidato peledeísta que ganó las elecciones en un espectacular rebase, fruto de su intenso trabajo, su bien estructurado discurso y la unidad del partido y del gobierno.

Con Danilo y Leonel juntos, en cualquier fórmula que esos líderes acuerden, el PLD ganaría las elecciones con más de un 60 por ciento de los votos; si se pelean, no solo se corre el riesgo de perder, sino que se causaría grave daño al espacio democrático y a la economía.

A la dirigencia del PLD se le supone bien entrenada en términos políticos, por lo que no tienen por qué infectarse o transmitir la enfermedad del sectarismo, chisme o división partidaria, cuando se sabe que las diferencias planteadas al interior del peledeísmo no son de principio.

He dicho y lo reitero que la reelección presidencial no es un tema ético, sino político, por tanto debe ser manejado a partir de la conveniencia o no, de los efectos positivos o daños colaterales que pueda producir, y esa es tarea de la dirección del PLD y no curso de pasantía para funcionarios o dirigentes medios.

Los titiriteros políticos y mediáticos que mueven los hilos de una voz atribuida a un narcotraficante que admite haber mercadeado más de 30 toneladas de drogas, a quien el PPH enganchó a la guardia y le construyó una pista de aterrizaje, deberían saber que el estiércol caerá sobre sus sienes.

Se interpreta como un grave error que gente del PLD o de partidos aliados sitien en el gobierno a los titiriteros de ese letrinaje, porque eso sería no conocer al presidente Medina ni su altísimo nivel de liderazgo político y social. En vez de chismes, unidad.

La suerte está lanzada

No pocos periodistas y medios de comunicación “independientes” e “imparciales” objetan los resultados de la encuesta realizada por la firma Asisa, a la que atribuyen el pecado de colocar al presidente Danilo Medina, a la vicepresidenta Margarita Cedeño y al doctor Leonel Fernández como punteros en la preferencia electoral de los votantes.

Esa empresa encuestadora tiene un largo historial de aciertos o cercanía de sus hallazgos con los porcentajes que han alcanzado los candidatos presidenciales en las últimas elecciones presidenciales, por lo que no hay razón para un descarte a priori de su más reciente trabajo de campo.

Se acepta que se discuta si la preferencia de la ciudadanía por la reelección presidencial es más o menos que el 67% que arroja esa investigación del mercado electoral o si Leonel tiene o se acerca o se aleja del 54% y Margarita del 59%.

Lo que resulta difícil de rebatir es que la popularidad del Presidente está en su más alto nivel, que el expresidente Fernández ha sobrevivido a una de las más cruentas campañas de descrédito y que la doctora Cedeño sigue como el primer guandul.

Esos colegas podrán decir las peores cosas de Asisa y de sus encuestas, pero negar que esos tres líderes controlan por separado el mayor porcentaje de aceptación ciudadana, es como pretender tapar el sol con el índice, aunque creo que a muchos comunicadores les llegó la hora de exhibir el refajo.

Todas las encuestas que se realicen aun con una mínima garantía de seriedad tendrán que reflejar que Danilo goza en este momento de la mayor aceptación, que Leonel ganaría las elecciones en cualquier escenario y que Margarita es un fenómeno electoral.

Lo que debería discutirse no es si Danilo, Leonel y Margarita tienen lo que dice Asisa que tienen, sino si Hipólito Mejía, Luis Abinader y Miguel Vargas carecen de lo que esa encuesta dice que no tienen, al igual que sus respectivos partidos.

El PLD, al que la encuesta le confiere mayoría absoluta, tiene el problema de tenerlo todo; la oposición confronta no tener casi nada, por lo que cada litoral debe procurar recetario adecuado para afrontar los males de la abundancia o la escasez.

A Danilo y Leonel, como a todo el liderazgo del PLD, no le queda de otra que consolidar la unidad al interior del Partido y entre este y el Gobierno, porque la señal del más mínimo crack en el ámbito morado sería como cicuta en la garganta de la democracia.

En los litorales del PRD y PRM tendrán que leer mil veces más la fábula de los dos burros que nunca pudieron alcanzar a comer del pasto porque siempre halaron la cuerda en dirección contraria.

Conviene aconsejar a tantos “imparciales e independientes”, no culpar a Asisa por el nuevo brebaje de frustración. “Alea jacta est” (“la suerte está lanzada”).